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Aragón y su Historia

El sistema monetario aragonés

El sistema monetario aragonés

Por Miguel Martínez Tomey, director de la Fundación Gaspar Torrente

De forma consecuente con el patrón monetario que implantó Carlomagno y bajo el patrocinio y dependencia del imperio franco, el Aragón de los primeros tiempos adoptó el patrón de la libra como base de su sistema monetario. Sin perjuicio de la influencia que inevitablemente también tuvo el patrón monetario aplicado por los territorios controlados por los musulmanes, con los que Aragón traficaba tanto como guerreaba, este sistema monetario tenía una moneda de cuenta, la libra jaquesa, que equivalía a 20 sueldos (otra moneda, que la mayor parte de las veces, también era una mera magnitud contable) y cada sueldo a 12 dineros. El dinero sí que nos consta que fue moneda en sentido físico y, según la equivalencia descrita, tener en la bolsa 220 monedas de un dinero significaba llevar encima 20 sueldos o una libra jaquesa.


El dinero era una moneda de plata. El sistema monetario, por tanto, estaba basado exclusivamente en la plata, más abundante (dentro de la escasez general de metales preciosos de la época) que el oro. El oro nunca se empleó para acuñar moneda en Aragón, salvo en la época de Pedro IV, cuando se creó el florín de oro aragonés, y aun ello con grandes protestas por parte del Reino: en Aragón el oro era un valor de reserva, que se atesoraba principalmente en forma de joyas, pero cuya circulación era considerada peligrosa para la estabilidad de precios.


Igualmente, el Reino, a lo largo de toda la Historia, consiguió evitar que los reyes financiasen su hacienda mediante las devaluaciones de moneda tan habituales en otros Estados de la época. Para compensarle, y puesto que era costumbre hacer una acuñación de moneda cada siete años, los aragoneses se obligaron a pagar el “septenio”, “maravedí” o “monedaje”. Una vez más, una solución pactada con la que se aseguraba un ingreso que era habitual para cualquier monarca europeo pero que en Aragón se quería que no afectase a lo que se consideraba un valor económico esencial: la estabilidad de la moneda como garantía para todo comerciante y el control de los precios, evitando espirales inflacionistas incontroladas provocadas por el deseo de resarcirse por la pérdida de valor real de la moneda en circulación.
Esta política monetaria, mantenida a lo largo de los siglos con una continuidad admirable, hacía que a pesar de la escasa masa monetaria aragonesa circulante y su efecto limitativo en el desarrollo comercial, ello se compensase con una fiabilidad monetaria y una acción decidida en el control de precios que hacían de Aragón lo que -en términos muy utilizados por los políticos de nuestros días- podríamos denominar como “un país serio”.

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