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Aragón y su Historia

El calendario tradicional aragonés

Por Miguel Martínez Tomey, director de la Fundación Gaspar Torrente

¿Trabajamos en Aragón más o menos días que nuestros antepasados? Todos sabemos (o intuímos) que con la omnipresencia de la Iglesia Católica en la vida cotidiana, el calendario de aquel entonces estaba trufado de fiestas religiosas, muchas de ellas de guardar. Y así era, las había y muchísimas: nada menos que 60 días festivos repartidos a lo largo de todo el año. ¿Y vacaciones? Pues sí: el concepto de las vacaciones no es propio de nuestros tiempos, sino que existía ya en los siglos medievales: las de Navidad, que duraban desde el 21 de diciembre hasta el 7 de enero, las de Resurrección (hoy más conocidas como de “Semana Santa”) que duraban 16 días y las de Pentecostés (una semana entre los meses de mayo y junio). Pueden parecer muchos días: ¿cuándo trabajaban nuestros ancestros?


Si nos ponemos a contar estas fiestas y días y los comparamos con nuestro calendario laboral actual nos llevaremos una sorpresa: para empezar, los sábados no festivos eran laborables (mañana y tarde) para todo el mundo y a todos los niveles. Si sumamos los días festivos, fines de semana y vacaciones que disfrutan como promedio los trabajadores asalariados de nuestros días la cifra resultante es de 96 días en el año. Si sumamos las festividades, domingos y vacaciones de nuestros antepasados, el promedio resultante es de 85 días.
Así pues, trabajamos como media (solo) unos 10 días menos que los aragoneses de siglos atrás. Entonces, como ahora, la cosa variaba según los oficios: por ejemplo, es bien sabido que los labradores tenían en el verano el estrés de sacar adelante la cosecha, y por ello a menudo provocaban las protestas de los clérigos por no respetar las fiestas de guardar veraniegas.


Otra curiosidad: desde 1351 el año en Aragón comenzaba el 25 de diciembre y no el 1 de enero. Pedro IV lo instituyó así por estimar que el nacimiento de Jesucristo marcaba el inicio del cómputo de la era cristiana. Aragón mantuvo esa técnica de datación durante mucho tiempo, a pesar de que apenas se usaba en el resto de Europa, hasta que la invasión de 1707 y la anexión del país a Castilla determinó su modificación. Quienes estudian documentos antiguos aragoneses lo han de tener en cuenta para datarlos sin equivocarse. Pero también quienes leen mis cartas y mensajes a partir de cada 25 de diciembre: soy un aragonesista excéntrico que cada año, en Nochebuena, se toma sus particulares uvas y que pone el número del nuevo año desde el día de Navidad. Al menos en mi fuero interno, yo entré en 2013 seis días antes que los demás.

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