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Aragón y su Historia

El hospital de Nuestra Señora de Gracia

Hospital de Nuestra Señora de Gracia, tal y como se veía desde la “Cruz del Coso” (actual Plaza de España) Hospital de Nuestra Señora de Gracia, tal y como se veía desde la “Cruz del Coso” (actual Plaza de España)

Por Miguel Martínez Tomey

“DOMUS INFIRMORUM URBIS ET ORBIS”. Todavía podemos leer en la entrada del hospital de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, y en la reja que delimita su jardín de acceso, esta leyenda que es toda una declaración de principios de la política sanitaria y asistencial. Su traducción: “CASA DE LOS ENFERMOS DE LA CIUDAD Y DEL MUNDO”. Y para que ningún extranjero necesitado de cuidados –al menos, si sabía leer- quedase desasistido por no entender la lengua aragonesa, se ponía en latín, la lengua franca con la que toda la gente viajera mínimamente culta usaba para entenderse.

 

Fundado en 1425 a petición de la ciudad de Zaragoza (no en el edificio actual, sino en uno situado en la manzana que ocupa el Banco de España, por haber sido el anterior destruido en el sitio francés de 1808), con el fin de mejorar las condiciones de salubridad de la capital y de todo el país, y puesto bajo el patrocinio de la monarquía, la Iglesia, la Ciudad de Zaragoza y las principales instituciones del reino, fue todo un referente en la precaria y desoladora red hospitalaria de la Europa de los siglos XV a XIX. A pesar de que las condiciones de los enfermos de este hospital nos parecerían hoy día deplorables, para la época eran todo un avance, ya que se aplicaban en él las novedades en cuanto a la práctica médica que iban surgiendo en esos tiempos, no sin polémica entre los novatores, de un lado, y los más conservadores médicos, de otro, que conformaban la prestigiada clase médica zaragozana y aragonesa.

La placa de la entrada del hospital con la leyenda "Domus infirmorum..."


Así, por ejemplo, en este verdadero “hospital central de Aragón” se daban lecciones de anatomía con prácticas en la que se utilizaban cadáveres, cosa que en la mayor parte de Europa era considerada en esos tiempos como una criminal aberración castigada con la prisión, la tortura e incluso la muerte. Además, albergó uno de los primeros hospitales psiquiátricos del mundo, en el que se trataba a los pacientes como víctimas de una enfermedad susceptible de ser mejorada o incluso curada con un tratamiento adecuado, desterrando así todos los estigmas sociales habituales en la época con respecto a las personas dementes.


El hospital era una institución querida, bien considerada por los aragoneses de la época. Recuerdo bien, en las investigaciones para mis trabajos en mis tiempos en la universidad, la frecuencia con la que aparecían legados a favor de este hospital en los testamentos de la Bal de Tena de los siglos XVI y XVII. Muchos pastores tensinos, que pasaban casi ocho meses al año con el ganado en la Tierra Plana, lejos de sus hogares, curaban sus enfermedades y heridas en dicho hospital: era comprensible, pues, la frecuencia de donativos y legados de estas familias montañesas. Incluso se ha conservado hasta nuestros días en el Derecho Civil aragonés la facultad (otorgada por un acto de las Cortes de Aragón de 1626) de ser considerado este hospital como un heredero más de quienes fallecen en sus instalaciones, en igualdad de condiciones con los demás.
A pesar de ello, el hospital, que albergaba entre 6.000 y 8.000 enfermos, pasó por muchas estrecheces. Pero en ningún momento se consideró como solución a las mismas renunciar al principio de salud universal para todos, sin discriminaciones, ni copagos, ni exclusiones. Es lamentable que recientemente, por primera vez en la Historia de Aragón, este principio se haya roto por decisión del gobierno español. Parece ser que hoy somos capaces de mandar naves al espacio, pero no somos capaces de hacer algo que ya hacíamos en Aragón en el siglo XV: dar cobertura sanitaria a todos los seres humanos. ¿Pero en qué horror de tiempos vivimos?

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