Día del Refugiado

Día del Refugiado

Creados hace 20 años para acoger a hasta 90.000 refugiados somalíes que huían de la guerra civil en su país, los campos de Dadaab en Kenia se encuentran desbordados por más de 350.000 personas. Decenas de miles malviven en asentamientos improvisados en el desierto, a la espera de una solución que nunca llega.

Abandonados a su suerte en el noreste de Kenia, rodeados por kilómetros de arena y maleza, 30.000 refugiados viven en frágiles chamizos bajo un sol implacable. Tras haber cruzado la frontera desde la vecina Somalia, a 80 kilómetros de distancia, se dirigen a Dadaab, aunque los tres campos de esta zona están ya abarrotados y no hay sitio para ellos. A su llegada, sin acceso a los campos, los refugiados, en su mayoría mujeres y niños, se encuentran sin cobijo, agua, comida ni dinero. Tardan una media de 12 días en recibir una primera ración de alimentos1. Mantas o utensilios de cocina no se reciben hasta 34 días después por parte del ACNUR, la agencia de la ONU que se ocupa de los refugiados y que gestiona los campos de Dadaab. Mientras tanto, los recién llegados construyen frágiles refugios en la desértica periferia de los campos para sobrevivir en un entorno hostil, con temperaturas de hasta 50 grados y con miedo a
ser atacados por las hienas.

Los tres campos de Dadaab –Dagahaley, Hagadera e Ifo– conocidos en su conjunto como ‘el mayor campo de refugiados del mundo’, se crearon hace 20 años para albergar a hasta 90.000 personas que huyeron de la violencia y la guerra civil en Somalia. Sin que se vea el fin del conflicto en un futuro cercano, ahora acogen a más de 350.000 personas2, al tiempo que el número de llegadas va en aumento. En lo que llevamos de año se han registrado 44.000 nuevos refugiados y se calcula que a finales de 2011 serán ya 450.0003, algo más que la población de la ciudad de Murcia.
Con la llegada de más gente a los campos y a las zonas desérticas colindantes, la disponibilidad de servicios esenciales, como agua, saneamiento y educación no deja de disminuir, y las condiciones de vida empeoran rápidamente. En un principio se previó una extensión de uno de los campos, llamada Ifo 2, con espacio para 40.000 refugiados, lo que podía haber supuesto una solución temporal. Pero Ifo 2 está a medio construir y sigue vacío debido a que las negociaciones entre las autoridades de Kenia y el ACNUR han llegado a un punto muerto.

Los nuevos refugiados llegan a los campos en un estado físico deplorable. El sistema de salud somalí es prácticamente inexistente y la actual sequía sólo sirve para empeorar aún más su situación. Al llegar, muchos requieren atención médica urgente. Un 40% de los niños nunca han sido vacunados,
lo que, sumado a su situación nutricional y al hacinamiento en los campos, representa un mayor riesgo para la salud.
“Más refugiados están en camino”, afirma la enfermera de Médicos Sin Fronteras (MSF) Nenna Arnold. “Ya estamos hasta los topes, pero las cifras siguen creciendo. Nos enfrentamos a una emergencia humanitaria”.

 

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