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R.D. Congo: donde la guerra no es el problema

R.D. Congo: donde la guerra no es el problema

Nos trasladamos en julio a la República Democrática del Congo, a la ciudad de Kananga donde no se vive en directo la guerra, pero sí se sufren las consecuencias del conflicto que afecta desde hace décadas al país centroafricano, traducido aquí en indiferencia y abandono. Nuestra mirada a la igualdad de este mes se ha posado en unas mujeres que luchan por salir adelante en un entorno patriarcal y machista, castigado y empobrecido por una guerra lejana. Alli, nuestras protagonistas, Anny y Silvie se preparan para poner en marcha un negocio de costura con el que contribuir a la paupérrima economía familiar.

Las mujeres son más vulnerables a las condiciones de pobreza, corrupción y desgobierno de la RDC debido, sobre todo, a la discriminación tanto en materia lesgislativa como en tradiciones culturales. Tienen un limitado acceso a las propiedades, a la educación y a los servicios financieros y, además, sobre ellas recae la tarea de sacar adelante a sus familias, sobre todo en las zonas rurales.

Anny y Silvie son antiguas alumnas del taller de costura, dirigido desde hace diez por las hermanas de la Caridad de Jesús María. Un taller que "heredaron" de otra congregación y que lleva un cuarto de siglo apoyando a las mujeres más vulnerables de una ciudad en la que el progreso pareció detenerse hace muchos años. Miles de jóvenes han pasado ya por unos cursos de costura capaces de ofrecer un futuro más halagüeño a unas mujeres, a veces casi niñas, abandonadas muchas veces a su suerte: jóvenes madres solteras, analfabetas, pobres, huérfanas, con cargas familiares y sin recursos. Algunas con formación básica hasta 3º año de la enseñanza oficial del estado. Otro grupo con menos formación, pero con mucho interés por aprender y alcanzar su independencia económica.La mayoria con un bebé a su cargo. 

Por motivos económicos, las niñas son muchas veces dadas en matrimonio con tan solo 13 o 14 años, y también por motivos económicos y sociales, son abandonadas por sus maridos con uno o varios hijos a su cargo. Entonces, sufren también el rechazo de sus familas. 

Manos Unidas no ha dejado nunca de apoyar a estas mujeres y, en la última ocasión lo ha hecho colaborando en la ampliación de los talleres y en la compra de máquinas de coser. Así, las jóvenes estudiantes, rechazadas por una sociedad machista, serán capaces, por medio del esfuerzo y de la independencia económica, de recobrar el respeto de sus comunidades y familias.          

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