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Cinema Elíseos, 70 años de lujo en el séptimo arte

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Las Navidades estaban a punto de comenzar en una España de profunda posguerra. Era 1944 y Europa vivía sus últimos meses de conflicto mundial. Un frío diciembre se asentaba en una Zaragoza en la que se respiraba cierta inestabilidad e inquietud ante la situación social. A pesar de esta oscuridad, existía por aquel entonces una ventana a la que cada vez más personas se asomaban durante unos minutos para olvidarse de la realidad y entrar en el mundo de los sueños: el cine.

Aunque hacía poco que en España, y también en Zaragoza, el cine se había consolidado como el séptimo arte, la capital aragonesa llevaba cuarenta años viendo cómo se reproducían las salas en las que centenares de personas podían disfrutar de aquellos estrenos que sobrevivían a la censura y que buscaban hacer olvidar a la población los problemas reales de la sociedad.

En este contexto levantó el telón una sala atípica, por su forma y fondo, respecto a sus coetáneas: el Cinema Elíseos. Esta sala, situada en el Paseo de Sagasta 4, nació “concebida desde su origen como un salón de élite, de esmerada decoración y apariencia lujosa”, explica la profesora de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza, Amparo Martínez. La sala choca con el estilo sencillo y estructural que se estaba desarrollando en otros cines. A pesar de esta tendencia, el Cinema Elíseos buscaban la recuperación de una estética clásica asociada a los grandes momentos históricos del país, algo que ocurrió también con el Cine Delicias (1945). La primera cinta que estrenó en aquel invierno fue “Me casé con una bruja”, de René Clair. La sesión fue a las 19.00 horas después de un corto de Mickey Mouse.

Desde entonces, y durante más de 70 años, la sala ha ido proyectando, cinta a cinta, largometrajes de especial calidad. El Cinema Elíseos, declarado Bien Catalogado del Patrimonio Cultural por la DGA y, por tanto, de obligado mantenimiento, está estos días en boca de todos los zaragozanos al hacerse pública su venta.

Lo que hasta hace apenas un año se había convertido en un cine de culto en el que su única sala seleccionaba con mucho ojo y exquisito gusto las cintas que proyectaba, ha dejado un hueco en el corazón y en la rutina de muchos aragoneses que miran a su puerta, ahora con un enorme “Se vende” con esperanzas de que tenga un final feliz.

ASOCIACIÓN CINEMA ELÍSEOS

La sala, que ya había sido reformada en 1993, cerró sus puertas para “adaptarse al cine del siglo XXI” y digitalizarse en agosto del pasado año. Desde entonces, poco se había sabido sobre el futuro del cine y prácticamente nadie había caído en su desaparición, hasta ahora. Hace apenas una semana, el cartel que anunciaba su disponibilidad en sus puertas alertó a muchos ciudadanos.

Producto de la preocupación se formó la Asociación Cinema Elíseos que, a día de hoy, habiendo nacido el día del Pilar, cuenta con el respaldo de más de 3.000 personas en las redes sociales. Detrás de este movimiento están cuatro amigos cinéfilos. Unos zaragozanos cuya afición al séptimo arte, y a esta sala en concreto, les preocupó especialmente saber qué iba a pasar con ella. Agustín Monllor y Aránzazu Mendívil son los primeros sorprendidos ante la respuesta ciudadana que han generado.

“Cuando vimos el cartel todos pensamos, otro Bien que vamos a perder”, comenta Monllor. Pero esta vez decidieron “no quedarse de brazos cruzados y actuar”. “Creamos la Asociación con el objetivo de defender la conservación de la sala y su uso cultural”, explica el portavoz. En la actualidad, 10 personas trabajan intensamente detrás de ella entre abogados, gestores, y hasta una arqueóloga que está siguiendo la pista del Bien en la DGA.

“Nuestro sueño es tener un espacio tan bello como el Cine Elíseos donde podamos encontrar una programación cultural de calidad, gestionada y coordinada por todos. No solo nos referimos a programación cinematográfica, sino a cualquier tipo de acción cultural”, asevera Monllor.

La Asociación se ha puesto en contacto tanto con la DGA, que le ha solicitado el dossier del Bien para cerciorarse del espacio que es obligatorio respetar, como con el nuevo propietario. “Nuestro mayor temor es que se convierta en un Coliseo 2”, apunta Monllor haciendo referencia al desaparecido cine situado en Paseo Independencia y que en la actualidad es una tienda de ropa. La DGA todavía no se ha pronunciado pero la propia consejera de Cultura, Mayte Pérez, aseguró que iban a seguir de cerca el tema y que intervendrían en caso de que fuera necesario. La Asociación ha solicitado ya una reunión con los responsables de Patrimonio. “En esta ciudad hemos perdido tanto patrimonio que no podemos consentirlo más, recuerda el caso del Fleta”, apunta el portavoz.

A pesar de esto, el comprador ya se ha puesto en contacto con la Asociación y ha expresado a través de su plataforma las buenas sensaciones que le transmitió. “Su talante es conciliador y expresa intenciones de conservar el Bien catalogado lo mejor que pueda. Es lógico que quiera obtener un beneficio de su operación y una de sus ideas es alquilarlo para uso comercial o cultural”. Para Monllor, esta es una buena noticia ya que muestra su interés por mantener la sala. “El propietario estaría abierto a un uso cultural por parte de la Asociación siempre que le diese el beneficio esperado”.

La idea es lograr la autogestión; es decir, una vez esté constituida la Asociación como tal, a través de cuotas de los participantes, lograr mantener vivo el espacio. “Estamos abiertos a propuestas de todo tipo, es algo en lo que puede participar toda la ciudadanía”. Monllor asegura que si finalmente se le da una salida comercial al espacio “se opondrán frontalmente” y se movilizarán para que eso no ocurra.

LA ILUSIÓN DEL LUJO

Los terrenos situados al otro lado del Huerva, en el ángulo que formaba el río con el inicio del Camino Torrero (hoy Sagasta) recibían ya en la década de 1870 el nombre de Campos Elíseos. Este lugar emplazado en la zona de huertas, a las afueras de Zaragoza, fue utilizado durante el verano para representar zarzuela al aire libre y celebrar verbenas en un pequeño teatro habilitado provisionalmente.

En 1896, sus instalaciones fueron reemplazadas por la edificación de un moderno velódromo y que se mantuvo en activo hasta entrada la segunda década del siglo XX. En 1923 estas infraestructuras sufrieron de nuevo una remodelación y se convirtieron en un parque de recreo donde se celebraron bailes, conciertos y sesiones de cine. Este es el primer germen del actual Cinema Elíseos, tal y como explica la profesora de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza, Amparo Martínez. Esta sala eventual se comenzó a conocer como cine Gran Vía y durante la década de los 30 se reprodujeron en él múltiples cintas. A lo largo de esta misma década, la familia Royo-Villanova, propietaria del solar en el que se levanta el edificio, le vendió la parcela a un tercero que finalmente se la revendió a lo que hoy es Ibercaja. Es en ese momento cuando al arquitecto Teodoro Ríos se le encarga la edificación de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad.

Ríos ya diseñó años antes el cinematógrafo más importante de Zaragoza, el Salón Doré, con el que renovó por completo la tipología de los espacios destinados a la proyección de películas. A la fachada del Elíseos, el arquitecto decidió sacarle el máximo partido para dejar clara la actividad que dentro del número 4 se realizaba. "El cine surge en un momento de carestía con deseo de apariencia de lujo", señala Martínez. Ya en su interior, y esto se ha conservado hasta su último día abierto, se advierten el uso de un clasicismo academicista que el arquitecto había practicado ya desde sus primeros trabajos. Se utilizaron materiales de calidad (mármoles, madera, latón, terciopelos) y se trabajaron con acabados artesanales y exquisitos, como los que es posible descubrir en la orla de latón que rodeaba la cristalera de la taquilla, en las barandillas de las distintas escaleras o en la labor de carpintería de las puertas, con molduras doradas y aplicaciones metálicas de reminiscencias Luis XVI. El interior se convierte "en un espacio de evasión, en el que en un momento de pobreza material, la decoración tan elaborada y cuidada, llama mucho la atención y se convierte en una manera de contrastar con la realidad cotidiana", asevera la profesora de la UZ.

La sala inicial contó con un aforo de 500 espectadores y con un equipo sonoro Supersound último modelo. En las paredes se reprodujo el eclecticismo clasicista aplicado a la fachada y a los espacios secundarios, pero, fueron sobre todo el entorno de la pantalla y el techo los lugares que recibieron una mayor atención ornamental. “El conjunto del espacio destinado a la proyección, recubierto por mármoles, bronces y terciopelos y recorrido por una decoración exquisita y cuidadosamente trabajada, producía un efecto suntuoso, inusual en las instalaciones de estos años, y una ilusión de lujo que tenía más de artificio escenográfico construido mediante golpes de efecto que de realidad”, señala Martínez. 

Hubo tres características que hicieron del cine un lugar único. En primer lugar, Ríos optó por la ruptura con Racionalismo que, unido al Art Decó, había imperado en las salas de Zaragoza durante la década anterior. En segundo lugar, apostó, aunque desde opciones más personales que políticas, por la recuperación y reinterpretación de formas clásicas de herencia renacentista con lo que se evidenciaba la filtración de las distintas búsquedas encaminadas a definir un lenguaje artístico que caracterizase estéticamente al nuevo régimen. Pero, por encima de todas estas cuestiones, Teodoro Ríos evidenció en su diseño del Elíseos la preocupación por imitar en las salas de cine el lujo y la espectacularidad de sus películas. “Sus suntuosos decorados eran el mejor medio de escapar… invitaban a sus espectadores a evadirse de la realidad mediocre de la sociedad en la que vivían”, recuerda Martínez.

Al igual que las escenografías de las películas, la sala de proyección les ayudaba a olvidar las carencias, racionamientos y limitaciones que marcaron la vida cotidiana de la Zaragoza de la posguerra.

Una magia que solo el cine es capaz de aportar al ser humano y que estos días está en peligro. A pesar de las buenas intenciones del nuevo propietario, los zaragozanos tendrán que esperar un tiempo hasta comprobar si van a poder volver a disfrutar de la sala de los sueños más lujosa de la capital aragonesa.

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