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Puerto Vallarta, combinación perfecta de relajo sofisticado y turismo de aventura

Parque Nacional Los Arcos Parque Nacional Los Arcos

Fue el escenario de la pasión turbulenta entre Elizabeth Taylor y Richard Burton

Hay destinos que deben su popularidad al Séptimo Arte, lugares que en sí mismos no tienen mucho interés, pero que el cine pone de actualidad y los convierte en punto de cita obligado para muchos. Un buen ejemplo, entre los clásicos, es Casablanca, una mediocre ciudad marroquí, que ha perdido todo el glamour que pudo tener en los años 40 cuando Rick/Bogart la frecuentaba y en la que hoy solo destaca la gigantesca mezquita de Hassán II, el templo más alto del mundo inaugurado en 1993, pero que inspira muchos viajes que, con frecuencia, se ven defraudados al comprobar que el Café de Rick es hoy un bar sin personalidad donde un antipático portero impide la entrada de curiosos si no van consumir y donde del piano de Sam, no queda ni rastro. (Por cierto, Casablanca se rodó íntegramente en Hollywood, el actual Rick´Cafe se construyó en 2004 y se decoró como el de la película de Michael Curtiz).

Salvando las distancias, porque en este caso el destino sí tiene interés, ocurre algo parecido con Puerto Vallarta, un lugar que todos los que tienen más de cuarenta años asocian a la popular y un tanto empalagosa serie de televisión “Vacaciones en el mar”, pero, sobre todo, vinculado a la película "La Noche de la Iguana", de John Huston, basada en la novela del mismo nombre de Tennessee Williams, en la que Elizabeth Taylor y Richard Burton, con Ava Gardner, Deborah Kerr y Sue Lyon como testigos, vivían una tórrida historia en la pantalla y en la realidad. Corría el año 1963. La solitaria cala de Mismaloya y el pequeño pueblito de pescadores al este de Puerto Vallarta en que fue filmada atrajeron primero la curiosa mirada de decenas de paparazzi y luego a productores de cine, actores y artistas que pusieron de moda el destino entre el público norteamericano, dotándole de un aura erótico-romántica-tropical. Encantados por la magia de Vallarta, Richard y Elizabeth compraron la casa Kimberley. John Huston construyó una casita en la pequeña cala de Caletas donde vivió hasta su muerte. Hoy forma parte de un complejo de restaurante-espectáculo, donde se representa el espectáculo “Ritmos de la Noche”, francamente bueno, aunque se ha conservado la chimenea, parte de su biblioteca y fotos de la época.

Vallarta, como se la conoce popularmente, obviando lo de Puerto, es uno de los centros turísticos más sofisticados del Pacífico mexicano. La ciudad, la zona hotelera y el puerto se encuentran encajonados entre las azules aguas de la bahía de Banderas y las frondosas montañas cubiertas de palmeras. Ambos elementos ofrecen lo mejor que puede hacerse en este lugar: navegar, practicar deportes náuticos, pesca de altura, observar ballenas, delfines o peces manta, bucear... o montar a caballo, jugar al golf, realizar deportes de aventura como tirolina, jumping, toboganes, ciclismo de montaña, etc. Por cierto, como nota de humor, una de las empresas que propone el “Bungee Jumping” (Jump the Pacific) promete un segundo salto gratuito a quien se le rompa la cuerda. Entre los deportes que están más de moda destaca el Flyboard, que permite volar sobre un pequeño soporte impulsado por aire desde una moto acuática. Supermán no lo haría mejor.

Y la verdad es que dedicarse a algunas de esas actividades es lo mejor que puede hacerse en Vallarta; la ciudad se queda corta enseguida. El símbolo de la zona centro es Los Arcos, un pequeño anfiteatro abierto al borde del mar junto al que se organizan frecuentes mercadillos de comida y artesanía. Frente a él, el templo de Guadalupe, imprescindible en toda ciudad mexicana, cuya aguja rematada por una corona es otro de los símbolos de la ciudad. Alrededor de la iglesia, en pleno centro de la ciudad, se amontonan pintorescas calles empedradas, casas de paredes blancas, balcones de hierro y techos de mosaico rojo. Pero la zona más concurrida de Vallarta y donde se agrupan las mejores tiendas y restaurantes es el Malecón, un paseo de dos kilómetros remodelado en 2012, cuyo punto más destacado es el moderno muelle de los Muertos, un original faro, diseñado por el aquitecto mexicano Jesus Torres Vega, que cambia de color por las noches y que lleva el nombre de la principal y mejor playa de la ciudad. Desde allí se tiene la mejor vista de Los Arcos, una formación geológica de gran belleza en medio del mar.

CIUDAD DE ARTE


El malecón es también una impresionante colección de arte público. Esta colección ha ido mejorando considerablemente, desde la primera escultura que adornó el malecón: el Caballito de Mar que se instaló en 1976 y que se ha convertido desde entonces en uno de los iconos más reconocidos de la ciudad. Hoy, algunas de las piezas más bellas y eclécticas que están en el malecón de Puerto Vallarta son obras del reconocido artista local Ramiz Barquet, así como de otros artistas importantes del estado de Jalisco como Sergio Bustamante, Alejandro Colunga y Adrián Reynoso.

Tras el empujón en los años 60 gracias a “La noche de la Iguana” y la llegada de numerosos artistas, el crecimiento de la ciudad y de los pintores y escultores fue tremendo. Durante los años 80 y 90 el histórico Pueblo Viejo sirvió como pintoresco telón para el talento local, nacional e internacional. La vibrante y pujante cultura artística se refleja hoy en la multitud de esculturas, galerías y exhibiciones que honran a Vallarta año tras año. Desde artesanías típicas huicholes, máscaras de danzas pre-hispánicas y arte histórico indígena, hasta óleos contemporáneos, esculturas en bronce y obras expresionistas en técnica mixta. Recorriendo las galerías del Pueblo Viejo o el idílico malecón, uno se sumerge en el vibrante arcoíris de belleza y colores producido por los artistas de fama internacional que han hecho de Vallarta su escenario. La ciudad es hogar de una de las escenas de arte más dinámicas y de más rápido crecimiento en México, con más de 30 galerías de arte.

Una iniciativa interesante es ArtWalk, puesta en marcha por un grupo de galerías. Se trata de un recorrido individual, los miércoles por la noche, abierto al público que incluye refrigerios. Lo interesante es que cada uno puede recorrer las galerías a su gusto, deleitándose con una copa de vino y empapándose de la cultura y colores que Vallarta inspira en los artistas y sus obras. Las galerías participantes presentan obras en diferentes medios: escultura, pintura, cerámica fina y joyería exclusiva, entre otros. El ArtWalk es una excelente manera de llevarse de Puerto Vallarta algo más que sólo tequila y un buen bronceado.

Mención aparte merece el arte Huichol, que es una parte cotidiana de la vida de los Wixaritari y es rico en magia y mito, con colores vibrantes y ricos en simbolismo. El arte Huichol adopta muchas formas como la fabricación de tejidos, bordados, ofrendas votivas, sillas, canastas, instrumentos musicales y esculturas, y son bien conocidos por su calidad en la utilización de los métodos tradicionales. La comercialización de estas obras de arte ha proporcionado a la Comunidad los ingresos que necesitan para preservar su identidad cultural. Los indios Huichol, probablemente los descendientes directos de los aztecas, son quizás el último grupo indígena en América del Norte que viven de acuerdo a sus antiguas tradiciones.

Para conocerlos a fondo, hay que visitar el pueblo de San Andrés Coamihata, escondido en lo alto de las montañas de la Sierra Madre y supone dar un salto gigante hacia atrás en el tiempo y una experiencia de enriquecimiento cultural de las antiguas tradiciones. Las comunidades Huichol se encuentran en la parte norte del Estado de Jalisco entre los volcanes y los profundos cañones. Esta es una de las muchas excursiones atractivas que hay en torno a Vallarta.

EXQUISITA GASTRONOMÍA

Puerto Vallarta es lugar para una de las mejores experiencias culinarias en México. La ciudad ofrece interminables alternativas para los aficionados a la buena mesa. Chefs mexicanos junto con numerosos cocineros de todo el mundo está instalados en Vallarta. Desde pequeños locales de tacos familiares hasta restaurantes internacionalmente aclamados que sirven platillos variados de la cocina regional hasta platillos contemporáneos mexicanos y las más variadas opciones internacionales, la escena gastronómica de la ciudad impresiona a los paladares más sofisticados.

Una de las pegas de este auge de la gastronomía, y la abundancia de visitantes adinerados y exquisitos, es que los precios han subido en los mejores restaurantes, aunque afortunadamente siguen existiendo establecimientos familiares económicos y restaurantes medianos, pero situados en lugares con encanto como el largo malecón, la propia playa pisando la arena o en la zona alta de la ciudad con vistas impresionantes en los que se pueden tomar sabrosos tacos, tortillas, ceviches y otros platos típicos mexicanos a buen precio.

Algunas ideas: Café des Artistes (www.cafedesartistes.com), donde el chef Thierry Blouet crea deliciosas fusiones de la comida mediterránea mezclada con ingredientes mexicanos tradicionales. Los Xitomates (www.losxitomates.com) con Luis Fitch, que utiliza ingredientes mexicanos tradicionales y mucho ingenio para crear algunos de los platillos mexicanos contemporáneos más refinados. Daiquiri Dick’s (www.ddpv.com), con vistas sobre el Océano Pacífico, y que ofrece un fusionado un menú ecléctico que es verdaderamente representativo de las cocinas modernas de hoy y donde clásicos platillos mexicanos aparecen junto con una enérgica dosis de influencias de Asia, India y el norte de África. Le Kliff (www.lekliff.com), construido en el borde de un acantilado al sur de Puerto Vallarta, en un escenario mexicano contemporáneo. De diciembre a abril, los clientes pueden disfrutar viendo a la ballena gris y mantas rayas gigantes. El menú incluye algunos de los mejores mariscos de Puerto Vallarta.

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