REAL ZARAGOZA - OPINION - JORGE URRIZA

Zaragoza a perpetuidad

FOTO J. FERNANDEZ FOTO J. FERNANDEZ

 

Se acabó. Con el gol de Pape Diamanka se esfumaron todos nuestros sueños para esta temporada. Jugadores y afición, tan unidos como en las últimas fechas, se detuvieron, lloraron y se consolaron mutuamente.

Fue un golpe demasiado duro, algo que el Zaragoza llevaba gestando durante todo el 2018 terminó de golpe. La gente abandonaba sus localidades con cuentagotas y alguno tenía que ser desalojado de su asiento.

Y fue en ese preciso instante, con el Real Zaragoza más alicaído de los últimos años, con una afición rota y hundida, cuando el león se levantó. Eran las 19:57 de la tarde y quince minutos después del pitido final, el zaragocismo levantaba sus bufandas para entonar el himno una vez más. Los diez mil que aguantaron bajo la lluvia estaban ahí, sujetándose unos a otros para demostrarle al mundo entero que el Real Zaragoza jamás se rendirá.

Volverá a llover sobre La Romareda, recibiremos la visita de clubes que jamás pensamos que pisarían nuestro estadio, ascenderemos, descenderemos, pase lo que allí estaremos. Con nuestra blanquilla, en el recibimiento, en septiembre, en junio o acampando en las oficinas. Muchos no nos entenderán, nos llamarán locos, pero jamás desistiremos de esta bendita locura que nos tiene a todos atados.

No ha sido un fracaso, ha sido una desilusión. Estamos orgullosos de lo que hemos hecho y de lo que ha sido nuestro equipo esta temporada. Es por eso que el varapalo fue, si cabe, más doloroso.

Sólo podemos levantarnos. Zapater fue el primero. Detrás de nuestro capitán todos los demás. Muchos han sido ya los que han puesto su pensamiento en la próxima temporada. La espera hasta finales de agosto será eterna, pero es un hecho que entre tanta tristeza existe ya, aunque sea pequeño, el deseo de comenzar la temporada 2018/2019.

Otra vez a empezar, pero el punto de partida no es el mismo. Este Real Zaragoza posee un patrimonio futbolístico y social al que hay que dar continuidad. Eso sí, el que no se quiera quedar, ya sabe dónde está la puerta.

Tocará volver a armarse de paciencia, vivir tardes amargas y experiencias inolvidables. Pero el proceso será más rápido. Ya hemos andado parte del camino.

El primer paso está dado. La renovación de Lalo rebrota la ilusión de todas esas caras largas. En segundo lugar, mantener el bloque del vestuario. El grupo humano formado a lo largo de estos meses ha provocado gran parte de los éxitos. La mezcla de canteranos y foranos, así como de juventud y veteranía, ha formado un grupo que será a buen seguro imparable.

Tampoco se puede olvidar a la afición. El club puede ayudar a cerrar las heridas que quedaron en el corazón de todos los zaragocistas y auparlos a la categoría que merecen. La unión también es máxima.

Mientras tanto, nos tenemos los unos a los otros. Somos invencibles. Zaragoza volverá.

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