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El paro de larga duración y sus posibles efectos psicológicos

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Unos 34.200 aragoneses eran parados de larga duración en el último trimestre del que se tienen datos, es decir, que llevan dos años o más buscando empleo sin encontrarlo. Son más mujeres que hombres porque sus contratos son más precarios, lo que hace que a las empresas les sea más fácil prescindir de sus puestos al tener medias jornadas, jornadas partidas o trabajos por horas. Las personas con escasa formación, baja cualificación y mayores de 45 años configurarían el perfil de este tipo de parados. 

Tras más de ocho años de crisis económica, un parado de larga duración se siente a nivel psicológico destrozado. Esto depende del número de años que lleve parado y también de sus circunstancias personales o familiares, dado que no afecta igual a una persona soltera que a uno casado y con hijos. Sobre un número de años de dos o más, automáticamente la despersonalización es inmediata, sintiendo una situación de agobio y de pérdida de control, donde lo que le rodea no depende de él y no se puede hacer absolutamente nada. 

Puede aparecer estrés, desesperación total o haber malas relaciones familiares, pero también pérdida de peso o somatizaciones físicas. El problema fundamental está en la pérdida de control al no poder localizar en los aspectos cercanos o inmediatos a la persona cómo poder solventar esa situación. Se genera una sensación de impotencia que el propio parado no puede superar y le desborda. 

La víctima es el último en enterarse de la situación y el arma fundamental de la persona es la esperanza. Se mantiene la ilusión hasta el último momento al pretender ser “supermanes” y creer que somos capaces de solventar todos los problemas que nos pone enfrente la vida. En un proceso lento y paulatino, se llega a un momento en el que esto se ve que no es así y las herramientas van desapareciendo al igual que lo hacen las cuestiones positivas. 

Se deja de ser optimista, de ver un futuro cercano con posibilidad de resolver el problema y se produce un mayor agobio de las circunstancias personales como la familia y aumenta la preocupación. Poco a poco, con el tiempo, estos se dan cuenta de que por sí solos no pueden y que no tienen posibilidades para poder afrontarlo.

“El último que se da cuenta verdaderamente de cuál es la situación real es la propia víctima”, señala el psicólogo Vicente Docón, especialista en recursos humanos, selección de personal y psicología del trabajo del Colegio de Psicólogos de Aragón. Éste mantiene de que no se suele ser consciente de la situación y se espera que se soluciones hasta que llega un momento crítico en el cual el derrumbe es total y ya no “hay ningún agarradero”, ni mental ni emocional. Se depende completamente de las circunstancias de alrededor. 

TRAS EL DERRUMBE TOTAL… ¿QUÉ PUEDE HACER?

Si el parado de larga duración ya se ha derrumbado, necesita ayuda externa. No necesariamente tiene que ser ayuda psicológica, aunque también. Alguien, una tercera persona, ya sea un grupo de amigos o la familia, tiene que ayudarle a salir adelante y levantar cabeza.

En el momento en el que se hunde y el abatimiento es generalizado, es muy difícil que la víctima por sí sola salga. La ayuda puede venir desde un confesor espiritual para los religiosos, también los que hay que la buscan en la familia y otros lo hacen en profesionales adecuados para ello. 

SI TODAVÍA NO SE HA DESBORDADO

Antes de que se produzca el hundimiento total, la idea a imbuir en estas víctimas es potenciar todas sus capacidades positivas. Se pretende potenciar al máximo su optimismo, esperanza, empatía, levantar el ánimo, dar posibilidades o ayudarles en la búsqueda de empleo. “Cualquier ayuda puede ser positiva antes de superar el punto crítica, cuando ya no hay vuelta atrás”, sentencia Docón.

CÓMO DETECTAR QUE SE LLEGA AL PUNTO CRÍTICO

¿Cómo puede detectar la familia o amigos que está en ese punto crítico o al filo? La sintomatología del estrés es muy variada y curso con afecciones de tipo somático, fundamentalmente físico como pérdida de apetito, falta de sueño, poco descanso, alteraciones del aparato circulatorio, taquicardias, y fundamentalmente se dan por la noche. Además es bastante frecuente que haya una o más visitas al médico porque la sintomatología va in creccendo. Y fundamentalmente la despersonalización, la apatía por vivir tras verse impotente, lo que corroe por dentro. 

Llega un momento, posteriormente iniciado el proceso, se empiezan a deteriorar las relaciones familiares por la irritabilidad generalizada de la persona durante todo el día y también, una de las primeras que desaparecen, son las relaciones con los amigos, más cuando es la única persona en esa situación. Si es el único pueden darse sensaciones de envidias y celos que no ayudan y esto se consideran daños colaterales. 

La sintomatología es muy variada y con el tiempo aparecerán patologías de tipo mental o psicológico también múltiples. La primera que suele aparecer es la depresión e hipocondriasis y en casos más graves sicastenias o manías persecutorias. 

EL ESTIGMA SOCIAL Y FAMILIAR

Los parados de larga duración necesitan apoyo y si la propia familia les recrimina de alguna manera “su ineptitud para encontrar trabajo y solventar la situación” el problema se agrava, aumentando la impotencia y el abatimiento. La víctima da por hecho que la familia debe ayudarle y que no tiene que pedirlo.

También puede afectarle que los amigos le den la espalda. En este último término, determinado nivel de vida o actividades que se realizaban cuando la economía familiar era más boyante ya no pueden darse y la víctima se llega a sentir excluida en las relaciones sociales. La gravedad es menor que la afección con la familia, pero la pauta se repite “porque acaba hiriendo profundamente, en lo más hondo, la propia valía personal de la víctima”.

¿SE PUEDE PREPARAR UNA PERSONA PARA UNA SITUACIÓN ASÍ?

Nadie espera estar parado tantos años y por ello nadie puede estar preparado ante esto. “¿Quién se prepara para un divorcio o para la muerte de un familiar”, dice Docón, quien indica que cuando las circunstancias de la vida te castigan tan duramente “nadie estamos preparados para eso”. 

Otra cuestión es que determinadas personas tienen más capacidades para afrontar circunstancias adversas, lo que depende de la personalidad de cada cual. Así, de manera generalista, no es lo mismo ser optimista que pesimista. El primero de ellos tendrá mayor afrontamiento y resolverá mejor las situaciones de frustración mientras que el segundo se hundirá a la primera de cambio. Los optimistas, extrovertidos, fuertes de carácter lo padecerán igual, pero tendrán más habilidades y posibilidades de salir airosas frente a los más introvertidos, tímidos o que carezcan de esas habilidades. 

La recomendación es hacer formación y estar en todo momento activos con un horario para no entrar en la dinámica de no hacer nada. Hacer algo que dé oportunidades y posibilidades de entrada de nuevo al mercado laboral. 

Según la psicóloga especialista en orientación laboral, Alicia Gómez, el paro también ha afectado a su gremio puesto que no se ha tenido en cuenta la necesidad de asistencia psicológica que precisa el parado. “La salud mental es la gran olvidada y es muy complicado recibirla”, indica.

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