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Cataluña y el yogurt.

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Ya se han celebrado las elecciones autonómicas en Cataluña y ha quedado atrás una campaña electoral en la que han aparecido, o reaparecido (según los casos), un conjunto de discursos armados alrededor del fenómeno de la inmigración. Se trata de un asunto, como tantos, que requiere de una reflexión serena y que debe huir de las consignas fáciles y de los exabruptos que apelan más al estómago que al cerebro. Además, cuando la economía flaquea, es precisamente cuando más se necesita que no flaqueen ni la razón, ni el respeto a los derechos.
Por no hablar de otras cosas, me quedo con unas declaraciones que Josep Antoni Duran i Lleida nos regaló en la campaña. Duran, un político del que se suele valorar su sentido común… Menos mal. Desconfíen de esas personas que se definen siempre como muy “normales”.
El político nacionalista se mostró preocupado por el hecho de que la mayoría de los niños que nacían en Cataluña fueran hijos de madres inmigrantes. Afirmaba que bienvenidos eran esos niños, pero que era necesario fomentar la natalidad para que Cataluña no tuviera “fecha de caducidad”. No es novedad en CiU.
De este modo, los catalanes –los de verdad– tendrán que quitarse el condón y colocarse la barretina y procrear para que nazcan verdaderos catalanes, para que Cataluña no muera en la nevera, como un yogur pasado de fecha. Por cierto, que todo este cuento de la catalanidad (o de la españolidad o de lo que se tercie) se olvida cuando de lo que se trata es de subirse a un andamio en Reus o de limpiarle el culo al abuelo (un culo catalán, por supuesto).
Menos mal que Duran i Lleida ha tenido suerte de que a los de Alcampell les hayan dejado ser verdaderos catalanes.


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