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Enrique Cebri

Nov

12

2010

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La ortografía cansada.

Parece que la Real Academia Española va a modificar algunas de las reglas ortográficas que rigen nuestra lengua. Pese a que las novedades se han hecho públicas conjuntamente, los cambios son muy diversos. A mi modo de ver, hay algunos bastante lógicos y razonables, otros más dudosos y otros, en fin, que, yo al menos, no entiendo, quizás por alguna tara visual: ¿soy el único que ve hiatos donde los demás ven diptongos? Tendré que acudir al oculista…
Las modificaciones que más me interesan son, sin embargo, las que menos modifican, es decir, aquellas en las que la RAE sigue permitiendo la escritura conforme a las reglas anteriores, unas reglas que desde hace cincuenta años ya habían comenzado a relajarse: se trata de las que afectan a la acentuación de los pronombres demostrativos y al término “solo” (o “sólo”) en su forma adverbial. Y si me interesan es, sobre todo, por su valor simbólico y por la tendencia que revelan. La lengua es un cuerpo vivo que cambia con el tiempo y, con ella, sus normas. Pero, del mismo modo que es absurdo que las reglas compliquen la realidad, no lo es menos que el lenguaje se simplifique casi únicamente

Nov

05

2010

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La Universidad de la Experiencia.

Estos últimos días he tenido la oportunidad de volver –un curso más– a las clases de la Universidad de la Experiencia y pocas experiencias, nunca mejor dicho, pueden resultar más gratificantes para quienes nos dedicamos a la docencia. El interés y la atención con los que estas mujeres y hombres escuchan a los que por allí pasamos y el afán por el conocimiento que demuestran deberían hacernos reflexionar muy seriamente. Su actitud, sobre todo en comparación con la desgana de algunos jóvenes estudiantes, es digna de elogio y de admiración. Estos alumnos derriban la pretendida equiparación entre jubilación e inactividad, a la vez que descubren, con su comportamiento, la falsedad de algunos dogmas de nuestra sociedad. Es evidente que la educación tiene distintos fines, legítimos todos ellos, y que ninguno debe caer en saco roto. Pero desde hace un tiempo tengo la impresión de que hemos llegado a confundir el saber con la cuenta de beneficios. Cuando sólo es útil lo que se puede valorar rápido y en monedas, cuando se cree que es absurdo que la educación y la cultura se hagan presentes más allá de una determinada edad, el éxito –en todos los sentidos– de la Universidad de

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