Mala leche.

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El magazine del periódico El Mundo ha hecho el ridículo el pasado fin de semana publicando un artículo en el que se compara a las madres que amamantan a sus hijos con vacas. El titular, acompañado de una lamentable foto de una mujer pintada con manchas vacunas, dice “Madre o vaca”. En el texto se desarrollan una serie de ideas que, bajo una torpe intención de neutralidad, denostan la lactancia materna con argumentos como los posibles problemas de salud para la madre o la dificultad de conciliación de la vida familiar y profesional. Además, se cita a una profesional que considera la lactancia materna una excusa para mandar a la mujer a casa y se dice que la lactancia hace que la mujer se preocupe más del hijo que de sí misma.
Yo no soy mujer, pero intuyo por mi corta experiencia que no hay mayor posibilidad de comunicación y de unión con un hijo lactante que darle el pecho. Más allá de los argumentos biológicos, que son indiscutibles y muy interesantes, me gustaría resaltar el cariño que una madre da y recibe de un bebé al alimentarlo con su propio cuerpo. Es preocupante que la imagen que se quiere vender de la feminidad sea solo la que atañe a la belleza y la coquetería. La mujer es algo más que cremas, peinados y vestidos. Pero eso a cierto tipo de publicaciones no les interesa porque la imagen de mujer superficial es lo que las mantiene.  Es, además, indignante que ningún organismo dedicado a poner en femenino palabras o a velar por la imagen de la mujer, que ningún ministerio de igualdad o de lo que sea, haya salido con firmeza a criticar el artículo de la periodista en cuestión y su mala leche, que ya vemos que la tiene.


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