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Aínsa celebra este fin de semana los 30 años de la recuperación de la gaita aragonesa

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La localidad de Aínsa acoge este fin de semana el “Encuentro de Gaiteros de Aragón, 30 años después”, un homenaje a aquel primer encuentro celebrado en estas mismas calles en 1988 y que supuso el punto de partida para la recuperación de la gaita aragonesa. Durante este fin de semana se han vuelto a reunir aquellas personas que fueron claves hace 30 años.

La localidad de Aínsa acoge este fin de semana el “Encuentro de Gaiteros de Aragón, 30 años después”, un homenaje a aquel primer encuentro celebrado en estas mismas calles en 1988 y que supuso el punto de partida para la recuperación de la gaita aragonesa. Durante este fin de semana se han vuelto a reunir aquellas personas que fueron claves hace 30 años. Una docena de gaiteros que entre charlas, música y mesas redondas han recordado y contado a los asistentes la historia de la gaita aragonesa

“Hemos querido hacer una conmemoración a ese momento histórico que sucedió aquí hace 30 años, darle el valor que se merece y reconocer la identidad que supone para nosotros”, explicaba la presidenta de la Asociación Cultural La Morisma, Isabel Bergua, que señala su fe en que la gaita aragonesa empiece a llegar a los más jóvenes y que continúe aumentando el número de gaiteros en Aragón, que actualmente cuenta con unos 250 músicos distribuidos principalmente entre Huesca y Zaragoza.

Los actos comenzaron este viernes con la inauguración del Encuentro de Gaiteros de Aragón por parte el alcalde de Aínsa-Sobrarbe, Enrique Pueyo, los representantes de la Asociación Cultural La Morisma, Isabel Bergua y José Manuel Murillo, así como Roberto Serrano, músico de la Orquestina del Fabirol y uno de los presentes en el encuentro de 1988. Tras la presentación, la música y el baile cobraron protagonismo con una “jam session” en la que tocó la Ronda de Boltaña y se bailaron los dances del Biello Sobrarbe.

La jornada del sábado ha comenzado sobre las 10.30 horas con las conferencia a cargo de Mario Gros sobre La gaita en Aragón, 30 años y un rufau (1988-2018), y la presentación de Luis Miguel Bajén Apuntes sobre el repertorio musical de Juan Cazcarra, gaitero de Bestué. Además, los vecinos han podido disfrutar de un pasacalles “al estilo rondador” por las calles del casco antiguo de Aínsa. A las 19.00 horas dará comienzo la mesa redonda Encuentro de gaiteros de Aragón, 30 años después, con Roberto Serrano como moderador y el punto final lo pondrá Joaquín Pardinilla Sexteto con un concierto en la Iglesia Santa María.

Hoy domingo esta prevista la actuación para todas las edades de la Chaminera con Gaitas de buen sentir, de Ángel Vergara y Toche Menal.

LA VINCULACIÓN DE AÍNSA CON LA GAITA DE BOTO

El comienzo de la historia de Aínsa con la gaita se remonta a los años setenta cuando el Ayuntamiento compró una de las últimas gaitas de boto de Sobrarbe, la gaita de Juan Cazcarra de Bestué, con el objetivo de preservarla y estudiarla.

Sin embargo, por diversos motivos, la gaita de Juan Cazcarra llevó su propia historia y durante varios años “estuvo olvidada”, primero en un museo de San Sebastián y luego en el sur de Francia donde comenzaron a hacerse reproducciones exactas de la gaita de Cazcarra hasta que Pedro Mir, un gaitero de Monegros, logró traerla de nuevo a Aínsa, justo en aquel encuentro celebrado en 1988.

“Hay que decir que las dos personas que conocían de su existencia eran Ánchel Conte, que se desvinculó de Aínsa al tener que marcharse de aquí, e Ignacio Pardinilla, secretario entonces del Ayuntamiento de Aínsa y que falleció demasiado pronto. Por ese motivo, nadie la reclamó hasta que Pedo Mir se hizo cargo”, apunta Bergua.

En ese primer encuentro se dieron cita un gran número de músicos aragoneses, jóvenes entusiastas, gaiteros venidos de toda la región con ganas por recuperar este instrumento; un antes y un después para la gaita de boto aragonesa. “Sin duda, -afirman desde la Asociación Cultural la Morisma- fue el punto de arranque para llegar a una serie de acuerdos, entre ellos la decisión de ajustar la afinación de la gaita para que se asemejara al resto de los instrumentos musicales y poder así incorporarla a los grupos folclóricos que en aquellos años estaban en pleno auge”, destacan.

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