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¿Crisis mundial o más bien estafa colectiva?: "Inside Job", de Charles Ferguson

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Título original: Inside Job

Año: 2010

Nacionalidad: Estados Unidos

Dirección: Charles Ferguson

Guión: Charles Ferguson

Música: Alex Heffes

Fotografía: Kalyanee Mam y Svetlana Cvetko

Reparto: Barney Frank, Charles Morris, Daniel Alpert, Dominique Strauss Khan, Glenn Hubbard, Eliot Spitzer, George Soros, Christine LaGarde, Jeffrey Lane, Kenneth Rogoff, Lawrence McDonald, Martin Feldstein, Harvey Miller, Michael Greenberger

Duración: 105 minutos

 

Sinopsis: Documental que relata los orígenes y las consecuencias de la crisis económica que el mundo soporta desde 2008 y que apunta a sus últimos responsables, un grupo reducido de personas de distintos ámbitos (económico, financiero, político, universitario, periodístico…) y de instituciones y empresas que, a través de la utilización de mecanismos políticos y propagandísticos, e incluso delictivos, han construido una gigantesca estafa a nivel mundial que ha vaciado los bolsillos de millones de ahorradores y ha provocado el despido y la ruina de millones de trabajadores, al tiempo que aumentaban sus fortunas particulares y los balances positivos de sus empresas hasta extremos nunca vistos.

 

Comentario: Este excelente documental de Charles Ferguson deviene en escalofriante relato de terror. Ejemplar en las formas y en el empleo del ritmo en la exposición de datos, algo tan fundamental en un trabajo que gira en torno a los siempre farragosos conceptos económicos y financieros, consigue transmitir y clarificar la complejidad de un largo proceso de décadas para facilitar al espectador su comprensión de los acontecimientos de los últimos años y la perversión de muchos de los titulares e informaciones que ha ido recibiendo en este tiempo y que han contribuido a mantener una atmósfera de intoxicación mediática tendente a la eliminación del riesgo de la petición de responsabilidades.

 

La película comienza poniendo un ejemplo a “pequeña” escala: la conversión de un país instalado permanentemente en el estado del bienestar, como Islandia, en un país débil, precario, financieramente en bancarrota, a raíz de las locuras inversionistas de una banca privatizada en aras de la moda neocon. Una vez presentado el esqueleto central de la narración, el documental de Ferguson pasa a explicar minuciosamente el caso estadounidense, y por ende, el mundial. Son distintos los aspectos que relata, colocándolos como piezas de un inmenso puzzle que explique la actual situación: cómo la crisis de 1907 fue solventada con un pacto privado de las principales fortunas norteamericanas cuya avaricia derivó en el crack de 1929; los mecanismos reguladores impuestos por el gobierno que impidieron durante más de cuarenta años la existencia de otra crisis similar; los mecanismos de desregulación introducidos por el presidente Reagan durante los ochenta a fin de eliminar límites y barreras a la actuación de las empresas y bancos norteamericanos en su camino hacia el máximo beneficio, el nombramiento de personas afines a este movimiento en puestos clave, su conservación durante los gobiernos de Clinton y la familia Bush y, finalmente, el efecto dominó prolongado durante décadas que ha conducido a la situación actual.

 

Una vez llegado al punto del año 2008, el documental repasa los principales acontecimientos de aquel año (las hipotecas subprime, la quiebra de Lehman Brothers, etc.) herederos de la pésima administración de George W. Bush y la utilización de la política y de los recursos públicos (o de medios ilegales, como la extorsión, el chantaje y el soborno) para facilitar los negocios particulares de determinados grupos económicos, financieros y armamentísticos, y señala con nombres y apellidos a los bancos, conglomerados financieros y agencias de calificación de deuda que, sobre la base de pactos privados a menudo implícitos y nunca conocidos por la opinión pública, han ido tejiendo unas redes clientelares y de beneficios gracias a la ausencia de control político y a la participación en las mismas de quienes debían haber supervisado sus actividades, e incluso con conexiones a diversos niveles con el crimen organizado, el narcotráfico y las dictaduras de medio mundo. En esta estafa organizada intervienen los bancos, las agencias cuyos dictámenes sobre la emisión de deuda hacen temblar a gobiernos de todo el mundo (las cuales reciben pagos por sus informes de calificación, los cuales a menudo son a la carta, financiados bien por los propios interesados, bien por países, empresas o bancos deseosos de arruinar la reputación financiera de la competencia), los políticos y su prensa afín y no pocos expertos y profesionales que hacen la vista gorda a cambio de jugosos cheques.

 

Contado con el inapreciable testimonio de financieros, políticos y periodistas, este terrorífico documental advierte no sólo contra el rapto por parte de un reducido grupo de piratas del espacio económico público norteamericano y, por extensión, del mundial, sino que también muestra a las claras la demolición de la democracia, la política, la educación y de los valores y principios que supuestamente van ligados al ejercicio de la profesión periodística, todo ello con la única finalidad de servir a una constante e imparable labor de expolio mundial. El carácter didáctico del trabajo posee por tanto una fuerte carga crítica conducente a una terrible conclusión: la desgracia de millones de personas, la “inevitable” crisis (de la que, sin embargo, muchos gobiernos extranjeros y no pocos expertos advirtieron a los Estados Unidos años antes de su eclosión), podría haberse evitado si políticos, economistas, financieros y periodistas no se hubieran entregado a una loca carrera por el beneficio rápido proveniente de los especuladores y filibusteros.

 

Tan lúcido por su construcción (abundan los diagramas, las ilustraciones y los gráficos explicativos, presentados con agilidad y perfectamente ensamblados en la narración) como provocador de una enorme rabia, frustración e impotencia, de una indignación irreprimible, el documental no carece de virtudes técnicas y narrativas. La voz en off (en versión original) de Matt Damon nos lleva de la mano, entre entrevistas, testimonios y explicaciones gráficas, a través de un relato magníficamente ilustrado con imágenes de los protagonistas, especialmente de los negativos, e incluso de parajes naturales de gran valor. El montaje y la narración, despojados de elementos ajenos al lenguaje documental tan habitualmente utilizados en el género recientemente, permiten navegar por una lamentable historia desde la intriga y el suspense, dejando amplios espacios para la sorpresa y con un puntito de ironía y sarcasmo que incluso permiten esbozar una leve sonrisa (a pesar de la que está cayendo). Además, el tono es creciente, camina sin prisa pero sin pausa hacia una conclusión final que, como el clímax de una película de ficción, sacude e inquieta al espectador hasta dejarle sin aliento tras lo visto.

 

Pero la mayor de sus virtudes es que demuestra que el documental riguroso y veraz, ágil, entretenido, agradable y socarrón no son patrimonio exclusivo de Michael Moore. Ferguson opta por no aparecer en el metraje, elimina su ego de la ecuación, y evita en todo momento la conversión de su historia en un circo mediático particular, aunque en algún segmento del metraje (el testimonio del psicoanalista de varios empresarios de Wall Street) no consiga eludir cierta tentación de caer en la demagogia y el amarillismo.

 

Una película de visionado obligatorio para dejar de creer en las mentiras de los políticos acomodaticios y en sus campañas de publicidad sostenidas por el periodismo más negligente, cobarde o secuaz, para saber realmente el terreno que se pisa y para exigir responsabilidades a los culpables. Un relato de una infamia que deviene en crónica de millones de angustias.

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