DIARIO ARAGONESEspecialesAragón y su historiaEl origen de las barras de Aragón

El origen de las barras de Aragón

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En el momento del nacimiento del reino de Aragón, hacia el año 800, los Estados europeos no poseían escudos de armas o -derivados de éstos- banderas que los identificasen. De hecho, se puede decir que los símbolos heráldicos no empezaron a surgir hasta la segunda mitad del siglo XI, cuando los diferentes jefes militares constataron la necesidad de distinguirse en los combates de alguna forma que facilitase su identificación por las tropas que habían de seguirles y para evitar choques armados con combatientes de un mismo bando. Los reyes, que en aquella época se ponían a menudo al frente de sus ejércitos, tuvieron esa misma necesidad con el paso de los años, adoptando los símbolos por los que inicialmente eran reconocidos en el combate. Posteriormente, estos soberanos los usaron como emblema de su propia familia, de su dinastía y, con el paso del tiempo, acabaron identificando también a los Estados que dominaban, hasta el punto de llegarse en tiempos modernos a considerar tales símbolos como propios del país o comunidad nacional ligada a la Historia de dichas familias reales o nobiliares que los gobernaron en el pasado.

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Aunque la adopción de símbolos heráldicos fue seguida de forma relativamente temprana por la Casa Real de Aragón, ésta no se produjo de forma clara y permanente hasta el reinado de Alfonso II, hijo del conde Ramón Berenguer IV de Barcelona y de la Reina Petronila de Aragón, a finales del siglo XII. Antes de ese momento no se tiene constancia de los signos o emblemas que los reyes de Aragón utilizaron en el campo de batalla, aunque es de suponer que fueran las de tipo religioso -muy especialmente la cruz- las únicas enseñas que portarían al salir en son de guerra. Tal fue el caso de Pedro I cuando se presentó por primera vez ante los muros de Zaragoza en el año 1101 portando “la enseña de Cristo” (cum Christi vexillo).

Dicho esto, a día de hoy sabemos que el primer emblema que adoptaron los reyes de Aragón, siendo ya soberanos de lo que acabaría siendo conocido como “Corona de Aragón”, fueron los palos o barras rojos (o de gules) sobre fondo amarillo (o de oro). Esta adopción oficial de las barras se produjo concretamente en el año 1177, cuando Alfonso II acudió con su ejército en ayuda del rey de Castilla para la toma de Cuenca. En tal ocasión, según refiere la Crónica de San Juan de la Peña (escrita hacia 1370) el rey

…mudó las armas e senynales de Aragón e prendió bastones…

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Con respecto a su origen y significado, sólo podemos decir que es -hasta la fecha- desconocido. El número de palos o barras rojas, que pudo llegar a variar en alguna ocasión por errores o por razones prácticas, no tiene ninguna relación con el número de Estados de los cuales era sobrerano el rey de Aragón.

Una leyenda catalana atribuye su origen al blasón que pintó para el conde barcelonés Wifredo el Velloso -como agradecimiento a su entrega en el combate- el emperador carolingio Luis el Piadoso, con sus dedos mojados en la sangre del conde tras una batalla contra los flamencos. Esta hermosa historia, compuesta en el siglo XVI por la pluma del valenciano Antón Beuter, no sólo ignora que tales emblemas aún no se usaban en esa época, sino que además Luis el Piadoso y Wifredo el Velloso vivieron en años diferentes y nunca pudieron llegar a conocerse.

Tampoco pasan de ser puras conjeturas los argumentos que hablan de un posible origen catalán por la pintura hallada en un sarcófago correspondiente al conde Ramón Berenguer II, fallecido en 1082, y que presenta una decoración con 17 tiras rojas y amarillas (un patrón decorativo, por lo demás, bastante imitado por toda Europa en aquella época). O la que sostiene su posible origen en el reino de Aragón al adoptar sus reyes los cordones de colores rojo y amarillo de los que pendían los sellos del Papa en las bulas que recibían. Según esta hipótesis, las barras evocarían la legitimidad de la monarquía aragonesa, ratificada por Roma a través del vasallaje del reino de Aragón a la Santa Sede que llevó a cabo el rey Sancho Ramírez en 1068. A día de hoy no existe ninguna evidencia que dé sustento sólido a estas interpretaciones.

No es descartable, con todo, que fuese Ramón Berenguer quien, en la década de 1150, cuando ya era Príncipe de Aragón, comenzase a usar estas barras en una serie de sellos que se conservan en los que aparece como una figura ecuestre que llevaría en su escudo unas rayas (que se conservan muy desdibujadas) que bien podrían ser la primera evidencia del uso de las barras por parte de quien, por aquel entonces, ya era un miembro de la familia real aragonesa.

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Así pues, cabe concluir que la adopción explícita y documentalmente atestiguada por primera vez de las barras corresponde a Alfonso II, no siendo descartable que se basase en una idea que le llegase de la mano de su padre, sin ninguna tradición anterior conocida que permita determinar un origen aragonés o catalán anterior a la unión de Aragón y Barcelona. Es, por lo tanto, un emblema genuino de la Corona de Aragón, tan aragonés como catalán, valenciano o mallorquín. Es el señal del rey de Aragón, el fundamento de nuestras banderas, con los colores comunes de una Historia pasada común.

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