Sábado 17 de enero. Frío, sopor y decepción en La Romareda. El Real Zaragoza ha empatado frente a la Real Sociedad B, pero lo cierto es que el punto conseguido —milagroso, si se tiene en cuenta que el rival disparó 27 veces a puerta— no tapa un partido alarmante en todos los sentidos. Esto no va solo de puntos. Esto va de sensaciones, de actitud y de rumbo.
El equipo ha dado un paso atrás cuando debía darlo hacia adelante. La Real Sociedad B es un filial, sí, pero con un plan de partido claro, efectivo y superior al nuestro. Supo desactivar nuestra salida de balón, anuló a Guti —una vez más irreconocible— y nos convirtió en un equipo previsible, lento y sin respuestas. Sellés no acertó con el planteamiento ni con los cambios, y aunque Koukou salvó un punto sobre la bocina, lo cierto es que todo fue a remolque.
“Nos ha costado ajustarnos al partido, es responsabilidad mía”, dijo el entrenador en sala de prensa. Y lleva razón. El equipo no solo fue superado tácticamente: fue superado física y mentalmente. Nos falta calidad, sí, pero también valentía. No rompemos líneas, no atacamos los espacios, no generamos ni una sola superioridad. Y eso, en casa, con un estadio volcado y ante un rival directo, es inadmisible.
La defensa fue un poema. La presión alta del rival nos hizo un traje. El centro del campo fue inoperante, y arriba, la entrada de Bakis sigue sin justificar nada. ¿Dónde está Dani Gómez? ¿Dónde está el plan B que necesita un equipo en descenso? ¿Dónde está Chema Indias, que sigue sin mover ficha mientras el mercado se agota?
Este empate no debe maquillar lo esencial: el Real Zaragoza necesita fichajes. Necesita gol, necesita liderazgo y necesita respuestas tácticas cuando el partido no se da como lo planeaste. Porque hoy, otra vez, el Zaragoza fue incapaz de ganar en casa, y ya van demasiadas jornadas perdidas en La Romareda. La esperanza no puede seguir siendo un milagro en el minuto 90.
Este club no puede permitirse otra temporada naufragando en Segunda. Y si no hay reacciones inmediatas, ni en el campo ni en los despachos, el pozo dejará de tener fondo.






