El Real Zaragoza firmó un empate sin goles (0-0) ante el segundo clasificado, el CD Castellón, en un encuentro duro, tenso y plagado de interrupciones. Lejos de regalar nada, el conjunto aragonés mostró una cara seria, comprometida y competitiva, y supo mantener la portería a cero ante uno de los equipos más goleadores de LaLiga Hypermotion. No fue el resultado soñado, pero sí una declaración de intenciones: este Zaragoza no se rinde.
Los blanquillos, que llegaban al duelo en penúltima posición, se enfrentaban a uno de los rivales más en forma de la categoría. El Castellón, lanzado en su camino hacia el ascenso directo, llegó al partido con todo su arsenal ofensivo. Aun así, los de Rubén Sellés supieron contenerlos. Esteban Andrada volvió a ser decisivo bajo palos y la defensa, pese a las bajas y constantes cambios obligados, resistió con oficio.
Desde el pitido inicial, el conjunto visitante quiso imponer su ritmo. A los dos minutos ya obligó a intervenir a Andrada, que sacó un disparo envenenado de Cala. En el minuto 21, Mabil estuvo a punto de adelantar al Castellón con un remate al palo. Pero la suerte, que tantas veces ha sido esquiva al Zaragoza este año, por fin sonrió.
Pese al empuje rival, el Zaragoza supo estirarse y tuvo sus momentos en la primera mitad. Saidu, Kodro y Tasende lo intentaron por bandas y Toni Moya fue el cerebro que intentó encender la chispa en tres cuartos. La ocasión más clara para los locales llegó en el 37’, con un cabezazo desviado de Saidu tras un buen córner.
La segunda parte arrancó con triple cambio zaragocista: Juan Sebastián, Marcos Cuenca y Tachi ingresaron al césped para dar oxígeno y piernas frescas. El partido ganó en tensión y pérdidas de tiempo, con constantes interrupciones por faltas y lesiones. El Zaragoza aguantó con personalidad y hasta tuvo una fase de dominio entre el 60 y el 70’, con varios remates consecutivos de Toni Moya, Kodro y Juan Sebastián que pusieron en apuros a la zaga castellonense.
A falta de 20 minutos, Sellés agitó el banquillo con la entrada de Dani Gómez, y el Castellón respondió con un triple cambio. La tensión creció. Los nervios también. Cada saque de esquina era un pequeño drama. El Zaragoza defendía con todo, incluso cuando se quedó con uno menos por la roja directa a Marcos Cuenca en el 90’. Pese a la inferioridad, el equipo resistió en los seis minutos de añadido con una actitud que arrancó el aplauso de La Romareda.
Empatar ante el segundo clasificado en plena lucha por no descender no es para celebrar, pero sí para valorar. Por fin el Zaragoza fue un bloque sólido, concentrado y solidario. Por fin se vio un equipo que pelea hasta el último balón. Queda muchísimo por hacer, pero este empate puede ser un punto de inflexión.






