Voy a decir algo que quizá no guste a todos, pero lo pienso de verdad: la llegada de Néstor Pérez me parece una de las pocas decisiones coherentes que ha tomado el Real Zaragoza en mucho tiempo.
Sí, es amigo. Sí, es de la casa. Sí, es de Zaragoza. ¿Y qué? ¿Qué esperábamos, que en esta situación trajeran a alguien que no conoce ni el barrio, ni el vestuario, ni la presión de esta ciudad? Cuando estás en llamas, no llamas a un arquitecto de Dubái; llamas al vecino que sabe dónde está la manguera.
Néstor no es un paracaidista. Es un tipo que ha mamado fútbol aragonés, que ha entrenado, que ha sido director deportivo, que ha trabajado en un laboratorio médico, que ha tenido una vida profesional sólida fuera del balón y que ha renunciado a estabilidad por venir aquí. Eso no lo hace alguien que viene a “colocarse”. Eso lo hace alguien que quiere estar.
Y a mí me gusta que en el fútbol haya gente que haya vivido fuera del fútbol. Porque eso te da perspectiva. Te da humildad. Te da calle. Y en este club hace falta gente con calle, no con powerpoint.
La conclusión es evidente: si traes a Néstor como asistente, es porque David Navarro va a seguir hasta final de temporada. La vía JIM está muerta. Y sinceramente, me parece lógico. No hay dinero. No hay margen. No hay tiempo. ¿Para qué traer un entrenador nuevo con su segundo, su preparador físico y su libreto, a falta de 14 jornadas y con el equipo a ocho puntos de la salvación? Eso sería vender humo.
Aquí lo que hay es supervivencia.
También digo otra cosa: que nadie se engañe. Néstor y David no van a salvar esto por arte de magia. No juegan ellos. Juegan los futbolistas. Y los futbolistas son los que son. La crisis no es táctica, es estructural. Viene de años atrás. Viene de una propiedad dividida, de decisiones erráticas, de contratos mal diseñados y de un club que ha funcionado más como negocio inmobiliario que como entidad deportiva.
Ahora bien, dentro del desastre, veo algo diferente. Veo que la “vía Zaragoza” ha ganado peso frente a la “vía Atlético”. Veo que Lalo está metiendo gente de su confianza. Y eso, en cualquier empresa del mundo, es lo normal. Si yo tengo que levantar algo que se cae, quiero a mi lado a gente que sé cómo trabaja.
Y si sale mal, el primero en caer será Lalo. No Néstor. No David. Lalo. Eso también hay que decirlo.
¿Que hay lavado de imagen? Probablemente. ¿Que la propiedad sigue siendo la misma? También. ¿Que esto no arregla nada de golpe? Evidente. Pero entre el vacío absoluto y tener profesionales que conocen el barro de Primera RFEF, prefiero lo segundo.
Yo no compro milagros. No creo en resurrecciones exprés. Pero sí creo en procesos. Y si algo me transmite esta decisión es que, por primera vez en mucho tiempo, alguien está pensando más en reconstruir que en tapar agujeros.
Ahora mismo el objetivo realista no es soñar. Es dignificar lo que queda. Y empezar a construir un club que, si toca bajar al barro, sepa cómo salir.
Porque lo que sí tengo claro es esto: peor gestionado que en los últimos años, difícilmente puede estar.



