El Real Zaragoza arrancó un valioso empate en Butarque ante el Leganés en un partido de mucha exigencia, de ritmo cambiante y de tensión competitiva hasta el último minuto. El equipo aragonés se repuso al tanto inicial de Óscar Plano, reaccionó con personalidad y encontró el premio con un gol de Sebas Moyano antes del descanso. En la segunda mitad, además, tuvo fases de dominio, ocasiones para haber volteado el marcador y acabó dejando la sensación de que, al menos por ambición y por número de llegadas, hizo méritos suficientes para llevarse algo más que un punto.
El encuentro comenzó con un Zaragoza valiente, dispuesto a plantarse arriba y a discutirle el partido al conjunto madrileño. Muy pronto dejó señales de peligro. Primero con un disparo de Dani Gómez desde fuera del área en el minuto 4 y después con una gran ocasión de Rober González en el 12, ambos remates bien resueltos por Juan Soriano. Entre medias, también el Leganés avisó desde el primer minuto con un cabezazo de Álex Millán que obligó a intervenir a Esteban Andrada.
Ese arranque abierto y con alternativas terminó cayendo del lado local en el minuto 19. Óscar Plano encontró espacio dentro del área y definió con la izquierda para poner el 1-0. Fue un golpe incómodo para el Zaragoza, que hasta entonces había competido bien el inicio, pero el equipo de David Navarro no se vino abajo. Al contrario. Reaccionó con entereza y empezó a cargar el partido hacia la portería del Leganés.
La respuesta zaragocista fue creciendo con el paso de los minutos. Sebas Moyano, Rober y Saidu lo intentaron en varias acciones consecutivas, mientras El Yamiq rozó el empate de cabeza tras un saque de esquina en el 27. El Zaragoza ya había conseguido instalarse en campo rival y obligar al Leganés a defender cada vez más cerca de su área. El gol, por insistencia, acabó llegando en el minuto 35. Después de una doble acción ofensiva con varios rechaces, Marcos Cuenca encontró el pase definitivo y Sebas Moyano resolvió con la izquierda desde muy cerca para firmar el 1-1.
El empate hacía justicia a lo que se estaba viendo sobre el césped. El Zaragoza había sabido rehacerse del gol encajado y cerrar la primera mitad con mejores sensaciones, incluso con un disparo lejano de Rober que rozó el larguero ya en el tiempo añadido.
Tras el descanso, el conjunto aragonés dio un paso más. Salió con decisión y acumuló varias llegadas peligrosas en apenas unos minutos. Rober probó suerte nada más arrancar el segundo tiempo, Saidu volvió a insistir desde la frontal, Radovanovic cabeceó con peligro tras un centro de Rober y Marcos Cuenca también obligó a intervenir al guardameta local. Fueron los mejores minutos del Zaragoza en el partido, dominando territorialmente y haciendo trabajar de verdad a la defensa pepinera.
El Leganés trató de responder con centros laterales y alguna acción de Álex Millán, pero el Zaragoza mantuvo el orden y no dejó de buscar el segundo. Con los cambios, el partido se abrió aún más. Entraron Cumic, Tasende y Mawuli, y el equipo siguió llegando. Dani Gómez obligó a otra parada de Juan Soriano en el 77 y, poco después, llegaron dos ocasiones clarísimas en el mismo saque de esquina: primero un cabezazo de El Yamiq que se fue fuera y después otro de Cumic a quemarropa que salió rozando el palo.
En el tramo final, el Zaragoza empujó con la sensación de que el partido podía caer de su lado, aunque también tuvo que resistir algún arreón final del Leganés. Incluso en el añadido, El Yamiq dispuso de una última opción que no pudo dirigir entre palos. En la otra área, Luís Asué perdonó de cabeza una de las últimas del conjunto local.
El 1-1 final deja un punto importante para el Zaragoza, no solo por el escenario y el rival, sino por la manera de conseguirlo. El equipo volvió a competir, supo sobreponerse a la adversidad y sostuvo un partido serio lejos de casa. No fue un empate cualquiera: fue uno de esos resultados que refuerzan la sensación de que este Zaragoza, al menos ahora, sabe mantenerse en pie y discutir los partidos hasta el final.



