Otro parte médico. Otro nombre. Y, lo peor, otra confirmación de que lo deportivo en el Real Zaragoza es un castillo de naipes sostenido por parches y esperanza. La lesión de menisco de Alberto Tachi —con operación inminente y temporada prácticamente liquidada— no es solo una mala noticia para el jugador. Es una radiografía del club.
Porque el problema no es Tachi como individuo. El problema es la idea: fichar, retener o forzar futbolistas con historial de fragilidad física, como si la Segunda División fuese un spa competitivo donde el cuerpo perdona. No perdona. Aquí cada semana te muerde el calendario. Y si tu plantilla está diseñada desde la “fe” —fe en que este se recupera, fe en que aquel se adapta, fe en que el que viene sin ritmo en un mes vuela— acabas pagando intereses altísimos. Con puntos. Con nervios. Con descenso.
Lo que más irrita no es la lesión, que entra dentro del fútbol. Lo insoportable es la repetición. Cuando la lista de lesionados deja de ser una anécdota y se convierte en la identidad del equipo, ya no es mala suerte, es método. O, mejor dicho, ausencia de método.
Se han tomado malas decisiones en cadena. “Cúmulo” es la palabra. Malas decisiones de planificación (fichajes fuera de forma), de preparación (instalaciones indignas de élite), de gestión (cambio de entrenadores y metodologías), y de urgencia (forzar retornos, infiltrar, apurar). Todo suma, todo revienta. Y cuando revienta, la plantilla se queda en dos centrales sanos, la rotación desaparece y el entrenador entra en modo supervivencia: lo urgente devora lo importante.
El Zaragoza de hoy está intentando salvarse con un equipo que no puede entrenar con normalidad. Esa es la tragedia: en una temporada donde necesitabas competitividad, has montado un rompecabezas de cuerpos a medias. Y la Segunda División no tiene piedad con eso.
La conclusión es dura y deliberadamente clara: si en verano no hay limpieza de criterio, no habrá futuro. Da igual el nombre del entrenador, da igual el sistema, da igual el relato. Si fichas “esperanzas” en vez de “realidades físicas”, volverás a estar donde estás: al borde del precipicio, con el parte médico como sección fija.






