El Real Zaragoza vuelve a confiar en un hombre de la casa para liderar su reconstrucción deportiva. El club ha anunciado un principio de acuerdo con Lalo Arantegui para que se convierta en el nuevo director deportivo, en una operación que simboliza tanto un regreso al pasado reciente como un intento de dotar de estabilidad a un proyecto que vuelve a tambalearse.
Arantegui firmará por lo que resta de temporada y dos campañas adicionales fijas, además de otras dos opcionales. Un contrato largo, poco habitual en un contexto de urgencia, que refleja la voluntad del club de otorgarle margen temporal para diseñar y ejecutar un nuevo plan estructural. Junto a él llegará el aragonés Fran Gracia, que asumirá la Secretaría Técnica y formará parte de su equipo de trabajo.
Nacido en Zaragoza en 1977, Lalo inició su trayectoria en los despachos tras colgar las botas en el Ejea en 2011, club donde comenzó como director deportivo. Posteriormente desarrolló funciones de scouting en el Real Zaragoza (2012-2013) y en el Villarreal (2013-2015), ampliando experiencia antes de asumir la dirección deportiva de la SD Huesca entre 2015 y 2017.
Su primer gran regreso al Zaragoza se produjo en febrero de 2017, iniciando una etapa que se prolongó hasta diciembre de 2020. Durante ese periodo el equipo alcanzó dos playoff de ascenso a Primera División (2017-18 y 2019-2020), quedándose a las puertas del regreso a la élite. Aquella etapa dejó luces y sombras, pero también una sensación de competitividad sostenida que contrasta con la inestabilidad estructural vivida en los últimos años.
El contexto actual es mucho más delicado. Lalo aterriza con el equipo inmerso en una situación clasificatoria comprometida y tras la salida de Rubén Sellés y Txema Indias. Su primera decisión ya ha sido apostar por David Navarro como técnico provisional mientras se define el nuevo entrenador, evidenciando que quiere tomar decisiones sin precipitación y con visión estratégica.
El nuevo director deportivo asume ahora una doble responsabilidad: gestionar la emergencia inmediata y construir una base sólida para el medio plazo. Su contrato, con posibilidad de hasta cinco temporadas, sugiere que el club quiere estabilidad y continuidad en una parcela que ha sufrido constantes cambios.
El regreso de Lalo Arantegui no es solo un movimiento deportivo, es una declaración institucional. El Real Zaragoza apuesta por alguien que conoce la casa, el entorno y la presión del escudo. Ahora deberá demostrar que esa experiencia es suficiente para reconducir un proyecto que vuelve a empezar desde una situación límite.






