Un empate que sabe a victoria

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No sé si ha sido por el gol agónico de Sinan Bakis, por la nevada, por el espíritu navideño o por ese empujón de 500 zaragocistas en El Plantío, pero salí del partido con una certeza: el Real Zaragoza ya no es ese equipo hundido y desalmado de septiembre. No. Este equipo compite, reacciona y transmite. Este equipo ya tiene alma.

El empate en Burgos, más allá del punto, deja sensaciones de crecimiento. Que nadie me malinterprete: merecimos ganar. No es una exageración. Lo dicen los datos y lo gritamos todos en el postpartido de ¿Qué me estás contando?: 17 disparos, tres palos, una ocasión clarísima de Kodro, un penalti no pitado a Toni Moya y un golazo marca de la casa de Sinan Bakis, cuando el cronómetro ya agonizaba. Y sí, también sufrimos, perdimos balones, y cometimos errores. Pero fuimos superiores.

Rubén Sellés lo dijo claro: “Vinimos a ser protagonistas, y lo fuimos”. Por primera vez en mucho tiempo, el Zaragoza juega con una idea reconocible. Un modelo. Una identidad. No es solo lo que se ve: es lo que se siente. Y eso, en esta Liga Hypermotion, tan gris y apretada, es oro.

Lo que ha conseguido Sellés en apenas dos meses no es poco. Ha devuelto la dignidad competitiva a un equipo que hace nada se arrastraba por los campos. Ha cohesionado un vestuario roto, ha convencido a la grada y ha puesto a jugar al Zaragoza al fútbol. Y con Esteban Andrada en portería, hasta nos creemos la salida de balón. ¡Qué 97% de acierto! ¡Qué pase en largo! ¡Qué presencia! A veces parece más un líbero que un portero.

Se puede discrepar en nombres. Soberón no estuvo, Guti sigue en modo sombra, y algunos piden refuerzos a gritos. Pero ojo: sin Francho, sin Aguirregabiria, sin Paulino… este Zaragoza fue mejor que un Burgos de playoff. Eso también habla del trabajo de grupo.

Ahora llega el parón. ¿Nos viene bien? Deportivamente sí. Anímicamente… igual no. Porque por fin, después de meses de sufrimiento, nos quedamos con ganas de más. Yo, que venía pidiendo vacaciones de este equipo, ahora quiero jugar mañana. Este Zaragoza me ilusiona. Me engancha. Me representa.

Y ese es el mayor éxito de Sellés: ha reconciliado a la afición con su equipo. Lo hemos visto en la comunión del gol de Bakis, en los cánticos al final, en el análisis colectivo de que ya no somos colistas. ¿Playoff? No. ¿Salvarnos? Claro que sí. Si además llegan tres fichajes de nivel, perfecto. Pero hoy, por fin, este Real Zaragoza vuelve a ser equipo. Vuelve a ser el nuestro.