Oscar Manuel Adame Alquézar
“No podíamos imaginar” que la génesis de este régimen, conocido como Sanchismo, estaría marcada por prácticas propias de una organización mafiosa, desde las primarias manipuladas en Ferraz, pasando por el tour de la “banda del Peugeot”, hasta la consolidación de una maquiavélica élite que impuso el poderío de un clan por encima del Estado de derecho.
«No podíamos imaginar» que, a cambio de siete votos, se sacrificaría la igualdad ante la ley med
iante unos indultos convertidos en peaje de supervivencia política, diluyendo el Código Penal, desautorizando a jueces y presentado una Ley de Amnistía como moneda de cambio al servicio del poder.
«No podíamos imaginar» que un feminismo de eslogan acabaría silenciando a mujeres acosadas, siendo cómplice de presuntos depredadores, facilitando la rebaja de penas, incluso liberando, a delincuentes, dejando desprotegidas a mujeres por unas pulseras inoperantes, o incluso abriendo la puerta a todo tipo de fraudes legales y deportivos bajo la coartada de la autodeterminación de género por una esquizofrénica legislación.
«No podíamos imaginar» que la corrupción impregnaría la Administración, incluso con negocios carroñeros en la pandemia, con un sistemático enriquecimiento a través de la contratación pública y exhaustivas investigaciones judiciales y policiales que cercan incluso al entorno familiar del presidente, empujando al Gobierno a una actitud de trinchera contra prensa, justicia y cuerpos policiales.
«No podíamos imaginar» que la colonización partidista de instituciones como el CIS, el Banco de España, la Fiscalía o el Tribunal Constitucional, unida al maquillaje de datos económicos y laborales, erosionaría los contrapesos democráticos y convertiría la administración común en un cortijo sometido al carnet de partido.
«No podíamos imaginar» que el triunfalismo económico chocaría con neveras vacías, con una pobreza creciente donde lideramos la pobreza infantil en Europa, con unos servicios públicos en declive, con una sanidad absolutamente colapsada, con unas infraestructuras eléctricas frágiles con un apagón como testigo y un sistema ferroviario degradado hasta convertirse en símbolo de caos, inseguridad y muerte.
«No podíamos imaginar» que, ante grandes catástrofes ocasionados por inundaciones, incendios o volcanes, el Gobierno respondería con cálculo político y parálisis, dejando a muchos damnificados abandonados mientras la retórica institucional sonaba a burla sobre el terreno.
«No podíamos imaginar» que la democracia derivaría en libertinaje, privilegios territoriales, españoles de primera y de segunda, renuncia efectiva a la defensa de las propias fronteras y en un desgaste apresurado del Estado del Bienestar, de la seguridad y de la propia identidad nacional.
Y, pese al clima de desguace general, España resurgirá como una gran nación que supera a sus gobernantes: nuestra sociedad civil, nuestros servidores públicos íntegros y la solidaridad de los españoles están llamados a sostener nuestra libertad y nuestra dignidad. Todo por el futuro de nuestras próximas generaciones.






