El Real Zaragoza llega al partido ante el Valladolid entre algodones, con media plantilla pendiente de su respuesta física y con el cuerpo técnico obligado a hacer encaje de bolillos para construir un once competitivo. Así lo dejó claro David Navarro en su comparecencia previa, en la que dibujó un panorama de máxima exigencia y de gestión al límite de los recursos disponibles.
El técnico enumeró una larga lista de futbolistas que no completaron la sesión con normalidad. “Hoy no entrenan a Robert, hoy no entrenan a Francho, hoy no entrenan a Martín, hoy no entrenan a Seidú, ¿Quién más? No entrenan Sinan, no entrenan Paul, y más los habituales de Tachi, Valeri y Paulino”, explicó. Aun así, su intención es que varios de ellos puedan llegar al duelo del sábado, aunque sea con participación limitada: “La idea es que puedan estar minutos, los minutos que sea oportuno, de cara al partido”.
Navarro admitió que la situación física del grupo arrastra problemas desde hace semanas, especialmente tras la acumulación de partidos en un tramo comprimido del calendario. En el caso de Rober, por ejemplo, detalló que sufre “una fast city que lo que se busca es no dar pasos atrás”, una molestia que viene condicionando su rendimiento desde hace tiempo. “Hay una merma física, evidentemente, pero llevamos así un mes y medio”, señaló.
Pese a ello, el entrenador quiso evitar cualquier discurso victimista. No compra la idea de que la plaga de molestias sea una excusa ni quiere que el equipo se refugie en las bajas. “No es cuestión de quedarnos en esa situación, sino gestionarla”, afirmó, antes de dejar una de las frases más claras de la rueda de prensa: “Da igual lo que pase, que tenemos que, todo lo que tengamos, sacarlo, ponerlo al servicio del equipo e intentar sacar el partido delante de Valladolid”.
Navarro tampoco quiso concretar con cuántos jugadores plenamente disponibles cuenta ahora mismo. Su respuesta dejó ver que el estado de la plantilla cambia casi a diario y que no hay una fotografía fija. “Vamos día a día viendo lo que tenemos. No hay una previsión”, reconoció. Por eso, la preparación del partido pasa más por administrar esfuerzos que por imponer un plan ideal.
En el plano táctico, el entrenador sí dejó caer una idea que puede resultar decisiva: si un jugador no está para 90 minutos, el equipo deberá repartirse el esfuerzo. “Si a uno las piernas le van 60 minutos, pues tiene que haber uno de 60 y uno de 40, para hacer los 100 de partido”, explicó. Esa fórmula refleja el escenario actual del Zaragoza, un equipo que compite con lo justo y que necesita que cada pieza sume, aunque sea en pequeñas dosis.
Navarro insistió en que el partido de Valladolid no admite lamentos ni reservas mentales. El foco no está en quién falta, sino en cómo competir. “La única cuenta es ganar en Valladolid”, afirmó de forma rotunda. Y añadió cuál debe ser la prioridad del equipo: “Es una final auténtica”.
En esa misma línea, quiso rebajar el debate sobre el brillo futbolístico y centrarlo todo en la supervivencia competitiva. “¿Qué queréis? ¿Que juguemos con brillantez en Valladolid o que ganemos?”, lanzó. Para él, el orden de prioridades está clarísimo: “Lo que necesitamos es ganar. Entonces lo primero es cerrar la portería. Y a partir de cerrar la portería, encontraremos opciones de sacar el partido adelante”.






