El mercado de fichajes: una broma de mal gusto

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No sé si es que nos estamos volviendo locos o si es que al Real Zaragoza le han perdido el respeto hasta los intermediarios de medio pelo. No sé si somos demasiado críticos o si nos hemos vuelto indulgentes por agotamiento, pero lo que está claro es que este mercado de invierno ha sido, con todas las letras, un insulto a la inteligencia del zaragocismo.

¿De verdad alguien cree que se ha hecho un buen trabajo? Porque si quitamos a El Yamiq, que no lo trae Txema Indias, y a Juan Larios, que lo busca Rubén Sellés, lo que queda es la nada más absoluta. El resto son apuestas oscuras, jugadores desconocidos para el 90% de la afición —y me atrevería a decir que incluso para parte del vestuario—, sin rendimiento contrastado, sin experiencia en la categoría y sin una mínima ilusión que sirva de placebo en mitad de la depresión.

No es cuestión de estar siempre enfadado, ni de buscar “clicks”, ni de meter lío por sistema. Es que basta con mirar la clasificación para darse cuenta de que algo se está haciendo rematadamente mal. Vas penúltimo. Y no es mala suerte. No es una racha. Es planificación nula. Es improvisación crónica. Es incapacidad para cerrar salidas. Es una dirección deportiva que no dirige nada.

Txema Indias ha tenido meses para pensar este mercado. Meses. Y lo que nos ofrece es una plantilla con 17 contratos que expiran en junio. ¿Dónde está el proyecto? ¿Dónde está la continuidad? ¿Dónde está el futuro?

Pero lo más grave no es que se haya fallado. Lo más grave es que no hay autocrítica. Que se justifican los errores como si fueran accidentes inevitables. Que se apela a la herencia recibida sin asumir que la herencia que dejas tú puede ser incluso peor. Y, mientras tanto, la afición asiste a esta comedia como quien ve pasar un entierro.

No se trata de poner nota al mercado. Se trata de asumir que, si seguimos así, el próximo año estaremos en campos como el del Tarazona, preguntándonos si nos dolía lo suficiente esto como para haber reaccionado antes. El zaragocismo no es tonto. Lo que molesta no es que se fracase, sino que se le trate como si no viera lo evidente.

Y lo evidente es esto: Txema Indias no puede seguir. Y si lo hace, será la afición la que acabe marchándose.