El Zaragoza vuelve a respirar

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El fútbol tiene algo inexplicable. No cura enfermedades, no arregla problemas personales ni paga facturas, pero tiene la capacidad de cambiar el ánimo de una ciudad entera en cuestión de noventa minutos. Y eso es exactamente lo que ocurrió el viernes en Cádiz.

El Real Zaragoza ganó. Solo eso. Tres puntos en un partido más. Pero para quienes seguimos a este club desde hace décadas no fue un triunfo cualquiera. Fue, literalmente, recuperar el pulso.

Durante semanas hemos hablado de un Zaragoza en la UCI. Un equipo sin alma, sin respuestas, sin rumbo. Un enfermo que parecía más cerca del entierro que de la recuperación. Y, de repente, llega una victoria que no cura la enfermedad, pero sí demuestra algo fundamental: el paciente sigue vivo.

Y cuando un enfermo está vivo, siempre hay esperanza.

Lo curioso es cómo un resultado deportivo puede afectar tanto a la vida cotidiana. Lo comentaba estos días con amigos: el viernes por la noche Zaragoza parecía otra ciudad. La gente sonreía más, hablaba de fútbol con ilusión, incluso caminar por la calle tenía otro ambiente. No había ganado el Zaragoza la Champions, solo había ganado un partido. Pero ese partido nos devolvía algo que habíamos perdido: la posibilidad de seguir creyendo.

Porque esa es la verdadera importancia de la victoria en Cádiz. No son solo los tres puntos. Es que el Zaragoza sigue en la pelea.

Si se hubiera perdido, probablemente estaríamos hablando de un descenso prácticamente inevitable. Con el triunfo, en cambio, seguimos jugando el partido. Seguimos vivos en la eliminatoria.

Quedan trece jornadas. Trece finales.

Y ahora sabemos que el Zaragoza puede competirlas.

Eso sí, conviene no engañarse. Esto no es una salvación. Es solo una oportunidad para buscarla. Y el camino sigue siendo durísimo. Harán falta seis o siete victorias. Hará falta que otros rivales fallen. Hará falta sufrir.

Pero al menos ahora el Zaragoza ha recuperado algo imprescindible: la dignidad competitiva.

Y también ha recuperado algo que hacía tiempo que no veíamos: un equipo.

Porque lo mejor del partido de Cádiz no fue el gol de Kodro ni una actuación individual concreta. Lo mejor fue el grupo. Un Zaragoza solidario, ordenado, comprometido. Un Zaragoza que compite.

Eso es lo que nos permite volver a creer. No sabemos si será suficiente para salvarnos. Nadie puede asegurarlo. Pero después de mucho tiempo, el Zaragoza vuelve a respirar. Y cuando respiras, todavía puedes luchar.