Cuando llega la lluvia, la mayoría de los conductores aragoneses piensan que reducir la velocidad es suficiente para circular con seguridad. Sin embargo, un problema mucho más peligroso suele pasar desapercibido: el estado de los limpiaparabrisas y el nivel del líquido limpiador. Estos dos elementos determinan si podrás ver correctamente la carretera en los momentos críticos.
La visibilidad reducida por lluvia y condiciones meteorológicas adversas es responsable de aproximadamente el 30% de los accidentes graves en España. En días lluviosos, los siniestros viales aumentan en promedio un 7,4%, y en algunas provincias este porcentaje alcanza picos del 27%. La diferencia entre un viaje seguro y una situación de riesgo muchas veces depende de dos componentes básicos del vehículo que raramente reciben la atención necesaria.
El problema invisible de las escobillas desgastadas
Los limpiaparabrisas no fallan de repente. Su deterioro es gradual y por eso muchos conductores no notan el cambio hasta que las condiciones empeoran. Según el recurso experto recambioscoches.es, la vida útil de las escobillas del limpiaparabrisas es de 4 a 6 meses. Después de este periodo comienzan a perder efectividad.
Las gomas se endurecen con el sol del verano aragonés y se agrietan con las heladas invernales. Cuando esto ocurre, en lugar de limpiar el cristal, dejan rayas, zonas sin limpiar o manchas que distorsionan la visión. En carreteras comarcales con poca iluminación, esta pérdida de visibilidad multiplica el riesgo de no percibir obstáculos o señales a tiempo.
Los síntomas de desgaste son claros: ruidos al pasar por el parabrisas, zonas que quedan sucias después de cada pasada, o movimientos irregulares. Ignorar estas señales puede convertir una lluvia moderada en una situación peligrosa, especialmente en trayectos habituales como la A-2.
El líquido limpiador: más que un simple complemento
Muchos conductores rellenan el depósito solo con agua, pensando que es suficiente. Esta práctica genera dos problemas importantes. Primero, el agua sola no elimina los restos de insectos, polvo o grasa que se acumulan en el cristal. Segundo, en invierno el agua puede congelarse en el depósito, dejando el sistema inoperativo justo cuando más se necesita.
El líquido limpiador profesional incluye componentes que disuelven la suciedad, mejoran la acción de las escobillas y previenen la congelación en temperaturas bajas. Mantener el depósito lleno y usar el producto adecuado no requiere gran inversión, pero marca una diferencia notable en la capacidad de reaccionar ante imprevistos.
Revisiones simples que salvan vidas
Comprobar el estado de los limpiaparabrisas no requiere conocimientos técnicos avanzados. Basta con activarlos en seco brevemente y observar si dejan líneas, saltan o hacen ruido excesivo. Si alguno de estos síntomas aparece, es momento de cambiar las escobillas.
El nivel del líquido puede verificarse abriendo el capó y observando el depósito translúcido. Si está por debajo de la mitad, conviene rellenarlo antes del próximo viaje largo. Estas comprobaciones toman menos de cinco minutos.
En Zaragoza y otras ciudades aragonesas, los talleres ofrecen cambios de escobillas rápidos, muchas veces sin cita previa. El coste es reducido comparado con las consecuencias de circular sin visibilidad adecuada.
Prevención frente a reacción
La seguridad vial no depende solo de conducir bien. También requiere que el vehículo responda correctamente cuando las condiciones se complican. Unos limpiaparabrisas en buen estado y un depósito lleno de líquido limpiador son barreras sencillas pero efectivas contra la pérdida de visibilidad.
Antes de que lleguen las lluvias otoñales o las nevadas invernales en el Pirineo aragonés, revisar estos elementos debe formar parte de la rutina de mantenimiento. Ver claramente la carretera es el primer requisito para llegar a destino con seguridad.
Fuentes de información: Linares28, eurotaller.com, recambioscoches.es






