David Navarro no esconde la crudeza del momento. El Real Zaragoza llega al tramo final en una situación asfixiante, con solo dos puntos de los últimos 21 y con la sensación de que cada jornada se ha convertido en un examen definitivo. Sin embargo, el técnico blanquillo rechazó instalarse en la resignación y defendió con firmeza la necesidad de seguir creyendo.
Preguntado directamente por lo que le dice el corazón, Navarro quiso alejarse de la lectura más hundida de la clasificación reciente. “Puedo pensar en los dos de 21, o puedo pensar en los nueve y doce de marzo”, respondió. Y enseguida dejó clara su postura: “Lo que me dice el corazón es que hay que seguir peleando. Que hay que seguir, que hay que pelear hasta el final”.
El entrenador considera que sería imperdonable bajar los brazos ahora, incluso en un escenario tan adverso. “Sería imperdonable que levantáramos el pie ahora”, aseguró. Y resumió el objetivo emocional del grupo con una frase que marcó toda su comparecencia: “Pelear para llegar vivos a la orilla”.
Navarro entiende que el dato de los dos puntos de 21 es demoledor, pero cree que la cifra no explica del todo lo sucedido en estas semanas. “Creo que ese dos de 21 es muy sangrante a nivel de puntos”, explicó. Desde su punto de vista, el Zaragoza ha merecido bastante más: “Creo que si repasamos los siete partidos, tendríamos que tener seis, siete puntos más de cualquier manera”.
Ese análisis le lleva a insistir en que el equipo debe concentrarse únicamente en el siguiente paso. “Tenemos que sacar tres de tres con el jijón, ya está. No distraernos”, afirmó. Para el técnico, cualquier debate más amplio debe quedar aplazado hasta el final de temporada. “Cuando acabe la temporada habrá que darle vueltas a muchas cosas. Pero ahora el equipo está en la mesa de operaciones a corazón abierto”, dijo gráficamente.
En esa misma línea, también apeló a la afición, consciente del desgaste emocional de un zaragocismo que lleva demasiados años conviviendo con la decepción. “Lo que haga la afición, bien hecho está”, señaló, mostrando comprensión con el hartazgo del entorno. Y añadió una reflexión muy personal sobre cómo está viviendo esta etapa: “Llevo tres meses que me cuesta mucho dormir, que no me gusta que llegue la noche. Porque es cuando peor estás”.
Pese al dolor acumulado, el entrenador cree que el equipo debe impedir que el pesimismo le invada por completo. “La situación invita a rendirse”, admitió, aunque enseguida contrapuso la idea que quiere inocular al vestuario: “Hay que pelear y que hay que luchar hasta el final”.
Incluso tiró de una referencia musical para explicar ese combate interior contra el derrotismo. “Hay una canción que se la invito a poner a todos los aficionados… Se llama Tengo un demonio en la cabeza”, comentó, usando esa imagen como metáfora de la batalla mental que atraviesa ahora mismo el equipo.
Navarro no promete certezas ni vende triunfalismos. Lo que defiende es otra cosa: que mientras haya una opción, por mínima que sea, el Zaragoza no puede entregarse. En su cabeza, la única rendición posible sería no intentarlo todo. Y eso, al menos en su discurso, no entra en el plan.



