La rueda de prensa de David Navarro no solo giró en torno al estado físico de la plantilla o al plan de partido ante el Sporting. También tuvo un marcado componente emocional, con el entrenador reflexionando sobre el ambiente que rodea al Real Zaragoza y el papel de una afición que vive con frustración extrema la deriva del equipo.
El técnico fue preguntado por la concentración convocada por las peñas y por el ambiente que se espera en el estadio, con protestas incluidas. Su respuesta fue de comprensión total hacia el zaragocismo. “Lo que haga la afición, dentro del orden de la legalidad y de no poner en riesgo la salud de las personas, lo que hagan, hecho”, afirmó.
Navarro quiso dejar claro que el vestuario no puede utilizar el ruido exterior como pretexto. “Si eso va a servir de excusa para distraernos del partido, entonces somos malos profesionales”, dijo sin rodeos. Muy al contrario, entiende que ese malestar debe convertirse en un estímulo añadido. “Nos tiene que servir de acicate, de ver cómo está la gente dedolida para todavía dar un paso más adelante”.
En uno de los momentos más intensos de su intervención, el entrenador recordó que el sufrimiento del zaragocismo no se limita a una mala temporada. “La afición lleva 14 años”, subrayó, en referencia a la larga travesía del club lejos de la élite. Por eso, considera que el grado de desgaste del entorno va mucho más allá del que pueden sentir quienes llevan poco tiempo dentro del vestuario o del club.
Navarro también se detuvo en los episodios extradeportivos recientes y en el riesgo de que el dolor derive en comportamientos irreparables. “Hay personas trabajando en silencio dentro del club”, recordó, antes de advertir de que determinadas reacciones pueden acabar traspasando límites muy peligrosos. “Hay familias… hay niños”, señaló, pidiendo que no se olvide la dimensión humana de la crisis.
Pero donde más énfasis puso fue en la necesidad de proteger el alma del club. “Si la afición pierde el rumbo, estamos perdidos todos”, afirmó con contundencia. Y desarrolló la idea con una reflexión de gran calado: “La situación no puede hacer que se vuelvan fríos, porque entonces el germen está entrando en lo más sagrado que tiene el club y el equipo, que es su afición”.
En ese punto, el entrenador fue muy claro: para él, el verdadero peligro no es solo descender, sino que el zaragocismo se enfríe por dentro. “Ahí no podemos enfermar. Si enfermamos ahí, entonces el Real Zaragoza sí que está herido de muerte”, advirtió.
Navarro insistió además en que no pretende dar lecciones a nadie sobre cómo ser zaragocista. “Nadie tiene que estar aquí repartiendo carlas de zaragocistas ni de zaragocistas”, comentó, defendiendo que cada aficionado vive el dolor de una forma distinta. Pero, al mismo tiempo, pidió que el hartazgo no destruya el vínculo emocional que hace diferente al club.
Su mensaje final fue una apelación al orgullo colectivo, a no dejarse arrastrar por la sensación de derrota antes de tiempo. “Seguimos vivos”, repitió varias veces. Y desde ahí construyó su llamada a la unidad: “Hay que luchar para no impregnarnos” de ese pesimismo que todo lo invade.
A estas alturas, quizá las palabras ya no basten para convencer a casi nadie. Pero David Navarro quiso lanzar una última alarma: el Zaragoza puede soportar muchas heridas deportivas, incluso las más graves, pero no puede permitirse perder el calor de su gente. Porque entonces, entiende él, ya no estaría en juego solo una categoría, sino algo mucho más profundo.



