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Una gestión aseada no será suficiente

El resultado de las urnas en Andalucía ha dejado definitivamente sentenciada una conclusión que ya habían apuntado los resultados de Extremadura, Aragón y Castilla y León: que la coalición PP-VOX va a ser inevitable. Hoy es una alternativa real y, además, la única posible. La otra, la gran coalición PP-PSOE es ahora mismo disparatada, imposible, inviable. Afortunadamente inviable. Una coalición con el sanchismo no es ni posible ni recomendable. Creo que hoy hay dos evidencias -hay más, pero no tan graves- del deterioro institucional al que nos ha conducido el Régimen del 78: la paulatina disolución del Estado, algo que se ha producido de manera implacable y constante desde los orígenes mismos de esta etapa democrática, y la desobediencia y el desprecio de nuestro marco legal que con absoluto descaro se está permitiendo el actual presidente del Gobierno. Esa contingencia, la de un presidente desobediente de la Constitución y las leyes, nunca se previó ni se adoptaron las cautelas para impedirla o, en su caso, poder desalojar legalmente a quien se permitiera ese desafío. Pero en esas estamos: PNV y EH Bildu están negociando, se sospecha que con la participación discreta del Partido Socialista, un nuevo Estatuto vasco que contiene elementos preocupantes, más que los que ya contempla el actual: reconocimiento de la “realidad nacional” del País Vasco, más competencias y blindaje de las mismas, bilateralidad con el Estado, derecho a decidir (eufemismo con el pretende enmascararse el derecho de autodeterminación)… Si Sánchez agota la legislatura hasta el 2027 habrá tiempo para que ese nuevo paquete de exigencias se ponga sobre la mesa en una nueva ronda de negociaciones para el desguace de lo que queda de España; la enésima ronda de negociaciones, y todas con el mismo desenlace, la pérdida de trocitos de soberanía nacional a favor de las autonomías, casi siempre las mismas. PP y VOX, decía, están condenados a entenderse y, si lo hacen, podrían complementarse. Es obvio que se miran con recelo, pero el electorado les ha dado una lección, el electorado les ha venido a decir que quiere una gestión razonable, la que puede ofrecer el PP con más cuadros y estructura que VOX, pero que quiere las reformas que propone VOX. Porque ante el grado de deterioro institucional alcanzado es obvio que van a ser necesarias reformas que blinden la Constitución frente al desafío de futuros aventureros como Sánchez. Y es obvio que habrá que cambiar las reglas de las futuras negociaciones con los nacionalistas. Yo no niego ni rechazo esas negociaciones, pero con reglas claras y más equitativas. Hasta ahora siempre han ganado, no todo lo que pretendían en cada momento, pero siempre algo. Bien, a partir de ahora, habrían de saber que igual que se gana, se puede perder, y que si ellos piden más competencias, el Gobierno puede reclamarles la devolución de otras, al menos de aquellas de titularidad estatal pero delegadas al amparo del artículo 150.2 de la Constitución, una espita abierta por donde se nos ha ido vaciando el Estado. Y que se pueden modificar las leyes para reclamarles más. Sin olvidar que nosotros somos más y ellos, menos, y que nosotros tenemos razón, pedimos igualdad, un elemental principio democrático, y ellos, privilegios. Una nueva legislatura en manos de Sánchez, que a la vista de los resultados acumulados parece improbable, sería letal para España. Pero también lo sería una legislatura que repitiera los errores de Rajoy. Éste dejó activas todas las trampas y minas sembradas por Zapatero, que son sobre las que ha basado Sánchez su gobierno. El próximo gobierno ha de desmontar la herencia de Zapatero y la acumulada por Sánchez. Pero ha de saber también, y seguro que los dos partidos condenados a entenderse lo saben, que la próxima legislatura va a ser muy complicada y ya lo advierten todos los analistas y órganos consultivos: no hay dinero. No hay dinero para hacer frente al agujero creciente de las pensiones, para hacer frente a las inversiones que requieren nuestras infraestructuras abandonadas (red ferroviaria, red eléctrica, carreteras, embalses…), para el agujero sanitario, el gasto en defensa, la dotación de medios a nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad para hacer frente al narcotráfico y la delincuencia creciente, para acometer la carencia de viviendas… Ante este erial económico, incluso una gestión aseada va a ser complicada y conflictiva. Ya se encargarán los sindicatos, que despertarán de su letargo, y los nacionalistas. Pero si no se acometen las reformas necesarias para corregir ahora y evitar luego los desmanes que ha perpetrado Sánchez, nada impedirá que otros puedan volver a cometerlos en un futuro. Y esto dejará de ser definitivamente una democracia.

Julio Calvo Iglesias

Exconcejal del Ayuntamiento de Zaragoza