No fue un buen partido del Real Zaragoza. Tampoco uno de esos encuentros que quedan en la memoria por su fútbol. El empate sin goles en el Enrique Roca dejó pocas ocasiones, demasiadas interrupciones y la sensación de que el equipo de Ibai Gómez no encontró las soluciones que había mostrado durante las primeras jornadas. Pero tampoco conviene confundir un mal partido con un mal resultado.
El punto conseguido en Murcia es bueno. Lo es por el rival, por el escenario y por la clasificación. El Zaragoza visitaba a uno de los equipos llamados a pelear por el ascenso y consiguió salir de su campo sin perder. Después de cinco victorias consecutivas y del espectacular empate ante el Atlético Madrileño, el equipo ha superado dos desplazamientos consecutivos sin conocer la derrota.
La cuestión es que este empate deja sensaciones muy diferentes a las de Madrid. Allí el Zaragoza atacó, generó, recibió cuatro goles y protagonizó una remontada imposible. En Murcia apenas encontró espacios, no logró imponer su fútbol y terminó dando por bueno un resultado que pudo perder en el descuento con un balón al larguero.
Hay que reconocer el mérito del rival. El Murcia hizo un trabajo táctico excelente. Presionó, cerró las líneas de pase, incomodó a Rubén Díez y consiguió que el Zaragoza jugara demasiados minutos lejos de las zonas donde realmente hace daño. No fue casualidad que Ureña y Jaume Jardí, dos de los jugadores más determinantes del equipo, terminaran perdiendo protagonismo.
Ese es uno de los aprendizajes importantes de esta temporada. El Real Zaragoza ha demostrado que puede dominar, remontar, golear y ganar partidos con diferentes protagonistas. Ahora ha comprobado que también encontrará adversarios capaces de anular buena parte de sus virtudes.
La diferencia entre los equipos que ascienden y los que terminan quedándose por el camino también aparece en jornadas como esta. No siempre habrá ocasiones claras. No siempre funcionará la presión alta. No siempre habrá un Jaume Jardí que resuelva el encuentro con una genialidad.
Cuando no se puede ganar, no perder también es una virtud.
Pero aceptar el empate no significa justificarlo todo. El Zaragoza fue perdiendo claridad conforme avanzaba el encuentro, sus cambios no consiguieron mejorar la producción ofensiva y la expulsión de Ademo terminó por obligarle a defender el punto.
Tampoco parece razonable presentar el partido como una gran exhibición defensiva. Hubo seguridad atrás, es cierto, pero también escasa ambición ofensiva y un planteamiento rival que contribuyó decisivamente al 0-0. La portería a cero tiene valor, sobre todo después de los cuatro goles encajados en Madrid, aunque no debería convertirse en argumento suficiente para dar por excelente la actuación.
El Zaragoza sigue arriba, continúa sumando y mantiene una trayectoria compatible con su objetivo de ascenso. Eso es lo importante.
El punto de Murcia será verdaderamente bueno si el equipo gana su próximo compromiso ante el Europa. Porque los empates en campos difíciles adquieren valor cuando después se convierten en victorias ante otros rivales.
El Zaragoza no estuvo brillante en Murcia. Pero, por una vez, no necesitó estarlo para continuar avanzando.
Y después de tantos años en los que el equipo era capaz de perder incluso jugando bien, eso también merece ser reconocido.



