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domingo, marzo 22, 2026
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Irán podría bombardear Aragón con sus misiles

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El lanzamiento de dos misiles iraníes contra la base militar conjunta de Estados Unidos y Reino Unido en la isla de Diego García ha introducido un nuevo factor de inquietud en la escalada bélica de Oriente Próximo: la constatación de que Teherán dispone ya de capacidad para golpear objetivos situados a unos 4.000 kilómetros de distancia. Aunque, según las informaciones publicadas este sábado, ninguno de los dos proyectiles llegó a impactar en su objetivo, el mensaje estratégico enviado por Irán ha sido inequívoco.

Diego García, enclave clave para las operaciones militares angloestadounidenses en el océano Índico, se encuentra a una distancia de entre 3.800 y 4.000 kilómetros del territorio iraní, según las informaciones publicadas sobre el ataque. Esa cifra sitúa dentro de un radio similar a distintos puntos del sur y del oeste de Europa.

En el caso de Aragón, la comparación resulta especialmente llamativa. La distancia en línea recta entre Zaragoza y Teherán ronda los 4.530 kilómetros, mientras que la distancia entre Zaragoza e Irán, tomada de forma más general, se sitúa en torno a 4.088 kilómetros. Eso significa que, desde un punto de vista estrictamente geográfico, Aragón entra ya en un rango comparable al que Irán ha demostrado poder alcanzar con este último movimiento militar.

La interpretación política del ataque apunta a una estrategia de presión indirecta sobre Washington a través de sus aliados. En las últimas semanas, Irán ya había ampliado el escenario de la confrontación con acciones o amenazas sobre países del Golfo como Kuwait y Arabia Saudí, mientras que también se han registrado incidentes relacionados con instalaciones británicas en Chipre.

El salto dado ahora con Diego García eleva esa lógica a otra dimensión. No se trata solo de responder a Estados Unidos o de castigar a objetivos próximos al teatro principal de la guerra, sino de dejar claro que la capacidad de represalia iraní puede proyectarse mucho más allá de Oriente Próximo. Para los aliados occidentales de Washington, el mensaje es claro: el coste de la guerra ya no queda restringido al Golfo o al Levante mediterráneo.

Más allá de que los misiles no alcanzaran finalmente la base, la operación ha roto una barrera psicológica y estratégica. Hasta ahora, buena parte de Europa podía contemplar el conflicto como una crisis lejana, con efectos energéticos, diplomáticos o económicos, pero sin riesgo militar directo. El ataque a Diego García cambia esa percepción y obliga a reconsiderar el mapa de vulnerabilidades.

Porque si Irán ha demostrado que puede lanzar misiles hacia un objetivo situado a unos 4.000 kilómetros, también ha demostrado que una parte importante de Europa, entre la que se encuentra Aragón, entra en su horizonte de alcance. Y eso convierte una guerra regional en una amenaza con dimensión mucho más amplia.

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