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VACUNA: ¿SÍ? ¿NO?. SÍ

Llevaba días pensando sobre el momento de inyectarme la vacuna del covid. ¿Me la pongo? ¿No me la pongo?.

Mi hiperracionalismo me lleva a cuestionarlo todo y buscar los pros y contras de manera automática, nada de azar ni de impulsos. Además siempre hay que  diferenciar entre posibilidades y probabilidades.

De un lado, con los años que tengo ya me he metido medicamentos y vacunas suficientes como para haber tenido algún efecto secundario y nunca jamás me ha pasado nada en absoluto.

Sí, es verdad, pero tampoco nunca nos hemos metido al cuerpo una sustancia fabricada en tiempo record.

Cierto, pero los médicos, de quienes yo me fio y no de los políticos, incansablemente nos dicen que los efectos positivos de las vacunas superan con creces a los negativos.

Sí, pero, ¿ y sí resulta que yo tengo un efecto de los negativos?, hubiera sido como llevar el 100% de probabilidades de que me tocara ese efecto, solo que no lo hubiera sabido de inicio.

Así es, pero por esa regla de tres nunca saldríamos de casa por aquello que nos pudiera llegar a  pasar.

Vale, pero ¿y lo de los trombos?  ¡Uf!, gente muy joven ha tenido trombos y han tenido que ser hospitalizados. Y sobre todo mujeres, como yo.

Quizá no esté  tan mal lo de no vacunarse y tomar todas las medidas como estoy haciendo hasta ahora. Implica renunciar a varias cosas, ser muy consciente y responsable pero con ello podría evitarme la vacuna.

Pero fíjate, mi madre con 86 años ya vacunada con doble dosis y está perfectamente y encantada.

Bueno, voy pidiendo la cita previa y hasta que llegue el momento de ponerme la vacuna, tengo tiempo para tomar una decisión, que no es fácil hacerlo. 

El 12 de mayo, me toca.

Hasta ahora he razonado las posibilidades de poner o no poner la vacuna pero no he barajado la posibilidad de llegar a infectarme de coronavirus. Habrá que pensar en esto. Y esa opción es horrorosa. 

¿Por qué iba yo a ser de esa parte de la población que contrae el virus y que resulta asintomática?.

Creo que este es el camino correcto. La comparativa ha de ser entre probabilidades de tener efectos secundarios con la vacuna y las probabilidades de contraer el virus y resultar ser asintomática.

Y además, hay otro parámetro: de un lado, en caso de inyectarme la vacuna, están las probabilidades de sufrir efectos secundarios, pero también tiene ventajas; y de otro, en caso de contagiarme con el coronavirus, está el padecimiento de la enfermedad y además, los efectos secundarios que de ello se pueda derivar, sin tener ninguna ventaja.

Parece claro que hay que vacunarse. Sí, sí. Ahora ya está clarísimo que hay que vacunarse.

12 de mayo de 2021 a las 18:47 en Inocencio Giménez.

Llego con 10 minutos de adelanto, por ubicarme ya que no conozco mucho el lugar. En la puerta, un guarda de seguridad, destilando autoridad, va dando las horas de los citados: 18:33, entran dos personas. Al instante, 18:34 y entran otras dos personas, y así sucesivamente.

Total, a las 18:47 con exactitud germánica, canta la hora y entramos otra persona y yo. Al mostrador!, nos indica.

Entrando a mano izquierda, un largo mostrador alberga a dos sanitarias delante de una montaña de papeles. Una de ella me pregunta el nombre, se lo doy y saca mi documento, lo escanea con el móvil y me lo entrega. 

Moderna, me toca la vacuna de Moderna.

Señora, a la segunda planta por los ascensores, me dice. Subo.

Nada más salir del ascensor me recibe un sanitario con cara de simpático, todo alrededor está pulcro, limpio, aséptico, no se ve a nadie. Me dice que me meta en un cuartito a mano derecha, me ponga detrás del biombo y descubra el hombro.

Así lo hago, soy muy cumplir instrucciones. Me remango la manga corta de la camiseta que me había puesto al efecto.

Entra una sanitaria con la jeringuilla en la mano y el capuchón naranja. Me saluda dulcemente y me hace saber que al terminar he de esperar en la salita 15 minutos, por si pasara algo. 

¿Ah, que puede pasar algo?, le pregunto. 

Nooooo, no va pasar nada, es el protocolo, que nos obligan a observarlo. 

Ah claro, sí es por el protocolo, no hay ningún problema. Me encantan los protocolos, dan seguridad, certeza y previsión. Están muy bien.

Me pincha, me duele un poco. Termina rápido y me da un papelito con las 19:10. Me explica que ahora tengo que pasar a la salita de esperar los 15 minutos.

Salgo del cuartito y el amable sanitario me indica que ahora es hacia la izquierda. Sigo el camino que me señala.

Tras un pasillo largo termino en una sala enorme, con asientos de madera y paredes pintadas de rojo sangre. Todo el mundo sentado respetando, cuidadosamente la distancia de seguridad.

Una grabación en bucle, con voz metálica, va desarrollando todos los posibles efectos secundarios que se pueden tener: vómitos, mareos, fiebre, cansancio, mal estar general, etc… además de recordar los teléfonos a los que hay que llamar. Un poco surrealista, como sacado de una película distópica.

Miro el reloj, todavía faltan unos minutos para mi hora. 

Bueno, me siento bien, no noto nada. Genial.

Pasan los minutos y ya es la hora de irse. Salgo por la parte opuesta a la que había entrado y me encuentro con un mostrador custodiado por dos sanitarios, muy amables, que me preguntan que tal estoy y me piden el papelito con mi hora. Todo bien, les digo. Entrego el papelito.

Me marcho.

Resumiendo: una organización impecable, atención exquisita, personal profesionalísimo. 

Señores, hay que vacunarse porque sin duda ninguna es mejor para nosotros de forma individual pero también a título colectivo.

Marta Lázaro Oliván –  Abogada

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