El Real Zaragoza ha comunicado que Francho Serrano, uno de los capitanes del equipo, ya ha sido intervenido de la rotura del menisco externo de su rodilla derecha. El centrocampista blanquillo arrastraba molestias desde el pasado mes de noviembre y, pese a ello, había seguido compitiendo en un contexto límite para el conjunto aragonés. La dolencia se agravó en el encuentro ante el Real Valladolid, en el que tuvo que abandonar el terreno de juego, y finalmente ha sido necesaria la cirugía.
La operación se ha llevado a cabo este martes en el Centro Médico Quirúrgico Olympia Quirónsalud por el doctor Manuel Leyes, jefe del servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica. A partir de ahora, el futbolista iniciará el proceso de recuperación, y será su evolución en las próximas semanas la que determine cuándo podrá volver a incorporarse progresivamente a la dinámica del grupo.
La noticia confirma lo que ya se intuía desde hace tiempo: Francho ha convivido durante buena parte de la temporada con una situación física muy delicada. El hecho de que haya jugado desde noviembre con dolor retrata tanto su compromiso como la precariedad en la que se ha movido el Real Zaragoza durante muchos tramos del curso. El capitán ha ido forzando para ayudar al equipo en uno de los peores momentos deportivos de su historia reciente, pero el peaje físico ha terminado siendo demasiado alto.
La temporada 2025-26 de Francho deja una lectura tan amarga como reveladora. En lo competitivo, ha vuelto a ser uno de esos futbolistas que, incluso lejos de su mejor versión física, ha tratado de sostener al equipo desde el esfuerzo, la implicación y el sentido de pertenencia. No ha sido un año brillante en lo futbolístico, entre otras cosas porque su estado físico le ha impedido tener continuidad real y ofrecer la energía que acostumbra a dar cuando está al cien por cien. Pero sí ha sido una campaña que ha reforzado su imagen de jugador comprometido con el club.
También ha sido, precisamente por eso, una temporada que resume bien el colapso del Zaragoza. Francho ha representado a un equipo obligado a sobrevivir con piezas tocadas, futbolistas jugando al límite y una plantilla que en demasiados momentos ha dependido de jugadores que no estaban en plenitud. Su caso no es solo el de una lesión; es el reflejo de un curso marcado por la urgencia, la improvisación y la necesidad de exprimir a hombres importantes aunque no estuvieran en condiciones ideales.
Desde el punto de vista simbólico, la imagen del capitán pasando por quirófano después de meses jugando con dolor tiene una enorme carga. Habla de profesionalidad, pero también de desgaste. Habla de sacrificio, pero también de una temporada en la que el Zaragoza ha ido consumiendo a varios de sus futbolistas más comprometidos. Francho no ha podido ser decisivo como seguramente le habría gustado, pero sí ha vuelto a dejar claro qué tipo de jugador es: uno de los pocos que siempre ha dado la cara.
Ahora el objetivo ya no está en el césped, sino en su recuperación. El Zaragoza pierde momentáneamente a uno de sus referentes más reconocibles, y Francho afronta un proceso que debería servirle no solo para curarse, sino para volver de verdad. Porque más allá de una temporada muy dura, el club necesita recuperar a un Francho sano, fiable y capaz de liderar desde el campo, no solo desde el escudo.






