En apenas pocas horas tras el anuncio de la convocatoria anticipada de las elecciones ya se han hecho todo tipo de análisis sobre las circunstancias y motivaciones del presidente, en cuyas exclusivas manos descansa esa prerrogativa. Y ha habido un significativo consenso en dos aspectos: que sus expectativas a medio plazo sólo podían empeorar y que el desahucio de Maricarmen le ha abierto una ventana de oportunidad (que él cree que lo es, aunque yo dudo que pueda rentabilizarla) sin necesidad de esperar al rechazo del proyecto de Presupuestos, que si finalmente lo presentaba sería fuera de plazo. Así, Sánchez logra otros dos hitos: no ha agotado ninguna de sus legislaturas y ha conseguido finalizar la última de ellas sin presentar ni un solo proyecto de Presupuestos, en flagrante y contumaz desobediencia del mandato constitucional.
La acampada de la Puerta del Sol del día 26 de septiembre y las que luego se han montado en otras ciudades han recordado inevitablemente a las del 15-M de 2011. Las semejanzas son evidentes. Ambas se han producido como protesta por el deterioro de las condiciones económicas derivadas de la acción del Gobierno (Zapatero entonces y Sánchez ahora), pero las iras de los acampados se han dirigido a los partidos de derechas, en ambos casos en la oposición. Y en ambos casos las encuestas anticipaban una abultada derrota socialista. Conviene recordar que en noviembre de 2011 Mariano Rajoy obtuvo una mayoría absoluta que mejoró los resultados obtenidos años antes por Aznar. Lo que hiciera luego con ella es harina de otro costal. Pero la opinión generalizada es que esas acampadas de ahora no son sino el preludio de las movilizaciones que se avecinan si, tal como auguran las encuestas, es la derecha la que entra a gobernar.
La huelga general convocada por los llamados sindicatos de clase va en la misma línea. Tras una larga inactividad que se ha extendido a todo el mandato de Sánchez, ocho años en que se han deteriorado las condiciones económicas de la población, en que el salario modal está cada vez más cerca del salario mínimo, en que se ha desplomado el poder adquisitivo de los españoles y en que, por centrarnos en el aparente desencadenante de las protestas, la vivienda se ha encarecido hasta límites inaccesibles para la mayor parte de los trabajadores jóvenes y no tan jóvenes, en que se han producido más de 270.000 desahucios, tras una larga inactividad, decía, que los sindicatos se movilicen ahora resulta de un oportunismo obsceno. Más que huelga general deberíamos hablar de ensayo general. Es probable además que esa iniciativa no haya sido unilateral sino pactada con Sánchez o, de forma más precisa, ordenada por él. Esa sería la demostración de que Sánchez no sólo va a por todas, lo que sería legítimo en una campaña electoral, sino que está dispuesto a emplear todos los medios, lo que, conociendo sus antecedentes, ya resultaría preocupante.
En los últimos meses han sido muchos los analistas que han enumerado las reformas que habría que acometer (aforamientos, papel del Tribunal Constitucional, consecuencias de la no presentación del proyecto de Presupuestos…) para evitar que se repitan en un futuro todas las disfuncionalidades, por llamarlas de alguna manera, en las que ha incurrido Sánchez. No recuerdo haber leído ninguna referida al papel de los sindicatos, su financiación o los límites de su actuación. Pienso que el anuncio oportunista y extemporáneo, en el límite mismo del inicio de una campaña electoral, de los sindicatos, no sólo ha sido deliberadamente voluntario sino posiblemente imprudente, porque ellos mismos se han puesto en el foco. Quizás haya que acometer reformas que les afecten: financiación, por ejemplo, o endurecimiento y consecuencias penales ante la actuación de los mal llamados “piquetes informativos” o vigilancia más activa y exigente del número de liberados sindicales, excesivamente laxo en las instituciones públicas (y estoy pensando en algunos ayuntamientos). Todo ello son deberes pendientes, necesarios pero largamente demorados.
Que esta huelga general tiene motivaciones políticas creo que está fuera de toda duda. Pero muy posiblemente se haya convocado también como advertencia al próximo gobierno, para que no se toquen sus prerrogativas y privilegios, aunque ellos mismos los han puesto bajo la lupa de la desconfianza. No albergo ninguna duda del papel fundamental y necesario de los sindicatos como garantes de los derechos laborales, pero ¿son éstos los sindicatos que necesitan los trabajadores?
Julio Calvo Iglesias
Exconcejal del Ayuntamiento de Zaragoza



