Sergio Escudero habló como capitán del Real Zaragoza. Lo hizo desde la calma, pero también desde una idea muy clara: el escudo y la afición se defienden. El lateral blanquillo fue preguntado por la acción de Sergio Moreno, jugador del Teruel, tras celebrar su gol mirando a la grada zaragocista, y su respuesta fue directa.
“Hay que respetar al Real Zaragoza y no se le puede faltar el respeto yendo a celebrar un gol a la cara de nuestros aficionados”, afirmó Escudero. Para el capitán, el fútbol permite la celebración, pero no la provocación hacia una afición rival. “Si quiere que lo celebre con los suyos, pero con los nuestros que los deje tranquilos”, añadió.
La escena del derbi dejó una imagen significativa: varios jugadores del Real Zaragoza acudieron de inmediato a recriminar el gesto. No fue solo una reacción individual de Escudero, sino una respuesta colectiva de un vestuario que empieza a transmitir una conexión fuerte con lo que representa el club.
Escudero lo resumió desde dos conceptos: rabia y orgullo. Rabia por entender que se había cruzado una línea innecesaria. Orgullo por sentirse responsable de defender a una afición que está acompañando al equipo desde el inicio de temporada y que ha vuelto a engancharse al proyecto de Ibai Gómez.
El lateral también dejó una reflexión sobre la humildad en el fútbol. “Al final en el fútbol hay que ser humilde”, señaló. Y recordó que este tipo de gestos pueden volverse en contra: “Cuando haces esas cosas se te puede dar la vuelta a la tortilla”. En este caso, así ocurrió. El Teruel se adelantó, pero el Zaragoza acabó remontando, goleando y celebrando una victoria que le colocó líder.
La intervención de Escudero también sirve para entender su papel dentro del vestuario. Preguntado por lo que supone ser uno de los capitanes del Real Zaragoza, lo definió como “un orgullo enorme”. No solo por portar el brazalete de un club histórico, sino por la posibilidad de ayudar a los compañeros y especialmente a los más jóvenes.
Ahí aparece una de las claves de este Zaragoza: la mezcla entre experiencia y juventud. Escudero no ha venido solo a jugar. Ha venido a competir, a sostener al grupo y a transmitir oficio en una categoría compleja. Su trayectoria en la élite le permite entender cuándo el equipo necesita calma, cuándo necesita carácter y cuándo toca defender el escudo.
El episodio con Sergio Moreno no debe convertirse en el centro de la temporada, pero sí deja una lectura útil. Este Zaragoza no parece indiferente. Reacciona. Se siente provocado cuando se ataca a su gente. Y eso, después de años en los que demasiadas veces faltó carácter, tiene valor.
Escudero no habló como un futbolista de paso. Habló como alguien que entiende dónde está. “Hay que respetar al Real Zaragoza, que para eso somos un equipo histórico”, dijo. Esa frase resume bien el mensaje: el club está en Primera Federación, sí, pero su historia, su afición y su peso siguen exigiendo respeto.
El Real Zaragoza necesita fútbol para ascender. Pero también necesita orgullo competitivo. Y en la rueda de prensa de Escudero quedó claro que, al menos dentro del vestuario, ese orgullo empieza a estar muy presente.



