Las palabras del Rey reconociendo abusos durante la conquista y colonización de América han generado unas críticas absolutamente injustas, que demuestran que quienes las expresan no han leído las palabras exactas que dijo el monarca. El Rey reconoció la verdad documentada, expuso los esfuerzos de la Corona (de los Reyes Católicos, de Carlos I y de Felipe II) por establecer leyes justas que garantizaran los derechos de los indígenas americanos, algo que no hizo ninguna otra nación europea, y, finalmente, no pidió perdón porque no hay por qué hacerlo. Al revés, la obra civilizadora de España fue monumental, digna de orgullo y no igualada por ningún otro país a lo largo de la Historia.
Pero quizás convenga hacer un brevísimo repaso histórico de algunos hechos significativos que atañen a los mexicanos y que sus mandatarios debieran recordar.
El día 13 de agosto de 1521 cayó Tenochtitlán, la capital del imperio mexica, ante las fuerzas comandadas por Hernán Cortés, en las que se integraban unos pocos centenares de españoles y decenas de miles de tlaxcaltecas, olmecas y totonacas (o totonecas), que lograban verse libres por fin de la cruel opresión de los mexicas, que cada año sacrificaban y devoraban a miles de prisioneros de los pueblos oprimidos. Practicaban, como es sabido, la antropofagia.
Manuel Andrés López Obrador, el anterior presidente mexicano, y su sucesora Claudia Sheinbaum Pardo han exigido que España pida perdón por la conquista de 1521.
El 28 de septiembre de 1821 (casi exactamente tres siglos después de la conquista de la capital mexica) se leyó públicamente el acta de independencia del Imperio Mexicano (constituido entonces o autodenominado así, Imperio). En esa época, México tenía uno de los mayores niveles de renta del mundo.
El 14 de septiembre de 1847 las fuerzas estadounidenses entraron en la ciudad de México, izaron su bandera en el Palacio Nacional (mandado construir siglos atrás por Hernán Cortés) y ocuparon la plaza de la Constitución, más conocida como el Zócalo, el centro histórico, político y cultural de esa nación. Ese fue el momento de la rendición efectiva de México ante Estados Unidos, aunque la capitulación oficial y el fin de la guerra no se produjo hasta la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo el 2 de febrero de 1848. En ese Tratado, aunque se contempló una compensación económica, México cedió más de la mitad de su territorio, incluyendo lo que hoy son California, Nevada, Utah, Nuevo México, Arizona y partes de otros estados. A mediados de 1848 las tropas estadounidenses se retiraron tras la ratificación del tratado.
Durante la guerra con los Estados Unidos hubo un debate en este país sobre la posibilidad de anexionarse todo el territorio de México en aplicación de dos ideas muy arraigadas entonces: la doctrina Monroe, “América para los americanos”, enunciada en 1823, aunque es una síntesis posterior del discurso original, y el “Destino manifiesto”, término acuñado por el periodista John O’Sullivan para justificar la anexión de Texas, argumentando que era un designio divino. El discurso original de Monroe decía lo siguiente: ”…los continentes americanos, por la condición libre e independiente que han asumido y mantienen, de aquí en adelante no deben considerarse como sujetos de futura colonización por ninguna potencia europea.” Luego se resumió en esa frase famosa que parece haber actualizado el presidente Trump.
La conquista y anexión de México a los Estados Unidos se descartó por una razón absolutamente supremacista y humillante para los mexicanos. El senador John C. Calhoun lo expresó en el Senado norteamericano: “Podríamos encontrarnos con […] ocho o nueve millones de mexicanos sin gobierno en nuestras manos, sin saber qué hacer con ellos.” Y con su argumentación desmontaba la arraigada creencia del genocidio perpetrado por los españoles, que han asumido casi dos siglos después López Obrador y Claudia Sheinbaum: “Incorporar México sería el primer cambio de esta clase, pues más de la mitad de su población son indios puros, y la mayor parte del remanente es, con mucho, de sangre mixta. Protesto contra la incorporación de tales gentes. El nuestro es el Gobierno del hombre blanco. La gran desventura de lo que antiguamente fue la América española procede del error fatal de situar a la raza de color en igualdad con la blanca.”
Pero, según López Obrador y Claudia Sheinbaum, quien debe pedir perdón es España.
Julio Calvo Iglesias
Exconcejal del Ayuntamiento de Zaragoza






