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lunes, junio 15, 2026
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Ander Herrera no puede ser otro escudo para tapar el desastre

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Fotografía: La Liga

Hay nombres que ilusionan por sí solos. Ander Herrera es uno de ellos. No hace falta explicar demasiado lo que representa para una parte muy importante del zaragocismo: sentimiento, identidad, pertenencia, jerarquía y un vínculo emocional con el club que nadie discute. Precisamente por eso, si finalmente vuelve, su figura puede ser muy importante para el nuevo Zaragoza. Pero una cosa hay que dejarla clarísima desde el primer día: Ander Herrera no puede ser utilizado como otro escudo de la propiedad.

Ese es el gran miedo. No tanto su regreso, que deportivamente y simbólicamente sería una noticia potente, sino el uso que se pueda hacer de su imagen. Porque este club lleva demasiado tiempo funcionando así: cuando el incendio aprieta, se saca un símbolo, se lanza una promesa, se presenta una renovación sentimental o se ofrece una ilusión inmediata para desviar el foco de lo verdaderamente importante. Ya ha pasado antes. Y el zaragocismo, a estas alturas, está obligado a no caer otra vez en la misma trampa.

Ander puede sumar muchísimo. En el vestuario, sobre el césped, en la imagen del equipo, en liderazgo, en contactos, en exigencia y en conexión con la afición. Todo eso es verdad. Pero también es verdad que con Ander solo no asciendes. No subes por nostalgia, ni por simbolismo, ni por tener un nombre bonito en la campaña de abonados. Subes con una plantilla fuerte, profunda, reconocible, competitiva y hecha para dominar la categoría de principio a fin. En Primera RFEF no basta con once buenos y una foto potente. Hace falta una estructura de equipo. Hace falta una plantilla de campeón. Y eso no lo da un solo jugador, por importante que sea.

Por eso el debate no debería ser “Ander sí o Ander no”. El debate real es otro: “¿Ander dentro de qué proyecto?”. Porque si su vuelta forma parte de una reconstrucción seria, de una plantilla pensada con cabeza, de una dirección deportiva con mando de verdad y de una ruptura clara con la decadencia anterior, entonces me parece una gran noticia. Pero si Ander viene a ser la cara amable de los mismos de siempre, la coartada sentimental para que nada cambie de fondo, entonces no. Entonces su nombre sería injustamente usado como maquillaje.

Y además sería especialmente injusto con él. Porque una de las cosas que se desliza en la conversación es que la animadversión que una parte de la afición tuvo hacia Ander fue profundamente injusta, alimentada por una comunicación interesada y por una versión interesada de lo que ocurrió en su día. Se dice algo muy claro: Ander quiso venir, ha ayudado al club incluso a fondo perdido y su silencio no respondía a desinterés, sino a no cerrarse puertas a un futuro regreso. Si eso es así, y todo apunta a que el tiempo ha hecho a mucha gente replantearse lo que pasó, el zaragocismo haría bien en revisar algunos juicios.

Pero revisar eso no significa regalarle un cheque en blanco a la propiedad. Al contrario. Significa distinguir. Distinguir entre el Zaragoza y quienes lo han malgestionado. Distinguir entre un símbolo zaragocista y quienes podrían querer utilizarlo. Distinguir entre una ilusión legítima y una operación de distracción.

Yo quiero a Ander Herrera en el Real Zaragoza, sí. Pero no como cortina de humo. No como parche emocional. No como nuevo escudo humano mientras los de siempre siguen mandando por detrás. Lo quiero dentro de un cambio real, con un proyecto serio y con una limpieza a fondo de los responsables del desastre.

Porque si algo no puede permitirse el Zaragoza ahora mismo es confundir un fichaje ilusionante con una regeneración verdadera. Eso no es lo mismo. Y ya hemos visto demasiadas veces cómo este club ha querido vender una cosa por la otra.