Este punto vale más por lo que dice del Real Zaragoza que por lo que suma en la tabla

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Foto: Real Zaragoza

El empate del Real Zaragoza ante el Atlético Madrileño no puede analizarse como un empate normal. No lo fue. Un equipo que pierde 4-2 en el minuto 98 y termina firmando un 4-4 en el 102 no solo rescata un punto: rescata una idea. La idea de que este Zaragoza ya no se rinde cuando todo parece perdido.

Durante años, el zaragocismo ha visto demasiadas películas repetidas. Gol en contra, nervios, equipo roto, incapacidad para reaccionar y derrota asumida antes del pitido final. Por eso lo ocurrido en Madrid tiene un valor emocional distinto. No convierte el partido en bueno, no tapa los errores y no permite esconder los problemas defensivos. Pero sí demuestra algo que hacía tiempo que no se veía con tanta claridad: este equipo tiene alma competitiva.

La secuencia final fue una locura. El Atlético Madrileño hizo el 4-2 cuando el partido parecía muerto. El Zaragoza marcó el 4-3 en el 98 y empató en el 102. Un punto que, por contexto, se vivió casi como una victoria emocional, especialmente en víspera del Pilar y con una afición desplazada entregada hasta el último segundo.

Ahora bien, la euforia no debe impedir el análisis. El Zaragoza fue capaz de levantarse varias veces, pero también se metió él solo en demasiados problemas. El equipo respondió al 1-0, al 2-1, al 3-2 y al 4-2. Esa resiliencia habla muy bien del grupo, pero encajar cuatro goles obliga a mirar también el otro lado de la balanza.

La virtud está en no perder. No siempre se puede ganar, menos aún en una categoría tan incómoda y ante un filial con velocidad, descaro y talento. Pero cuando no puedes ganar, empatar un partido que estaba perdido también construye. Y más cuando llega antes de un duelo directo como el de Murcia.

El Zaragoza salió de Madrid con un aviso y con una confirmación. El aviso: si se parte, sufre. Si concede metros, le hacen daño. Si convierte el partido en un ida y vuelta, pierde parte de su control. La confirmación: este grupo cree hasta el final. Y eso, en una temporada larga, vale puntos.

No conviene maquillar nada. El partido dejó errores tácticos, desajustes defensivos y decisiones discutibles. Pero tampoco conviene reducirlo todo al fallo. Lo que se vio en