El Real Zaragoza sacó un punto milagroso en Madrid en un partido absolutamente descontrolado. El equipo de Ibai Gómez empató 4-4 frente al Atlético Madrileño después de llegar al minuto 98 perdiendo 4-2. Dos goles en el añadido, uno de Rubo Iranzo y otro de Jaume Jardí de penalti, evitaron la derrota en un encuentro lleno de alternativas, errores defensivos, ocasiones y revisiones en el FVS.
El partido empezó mal para el Zaragoza. En el minuto 7, Bate Kamate adelantó al Atlético Madrileño tras un balón a la espalda de la defensa y una definición por bajo ante Westerveld. El filial rojiblanco encontró pronto el camino que más daño haría durante todo el encuentro: atacar los espacios detrás de la zaga zaragocista.
El Zaragoza intentó reaccionar rápido. Espiau probó desde la frontal en el minuto 9 y Ureña lo intentó desde dentro del área en el 13, aunque su disparo fue taponado. El equipo blanquillo quería jugar en campo contrario, pero el Atlético Madrileño amenazaba cada vez que encontraba metros a la espalda.
El empate llegó en el minuto 23. Edu Espiau aprovechó un balón suelto en el punto de penalti y lo mandó a la red para hacer el 1-1. El delantero volvió a aparecer en el área y confirmó su buen momento, en un partido en el que sería protagonista tanto en el gol como en la asistencia del segundo tanto zaragocista.
El partido, lejos de calmarse, se abrió todavía más. En el minuto 25, el Atlético Madrileño perdonó el 2-1 en un mano a mano ante Westerveld tras volver a ganar la espalda a Sangalli. Poco después, en el 29, Espiau rozó el palo con un cabezazo tras un gran centro de Ureña desde línea de fondo. Y en el 32 volvió a quedarse solo ante Astralaga, aunque la acción quedó invalidada por falta previa.
La primera parte fue intensa y de ritmo alto. El Zaragoza tuvo fases de dominio, buscó instalarse en campo rival y generó peligro, pero también dejó una sensación preocupante: cada ataque del filial rojiblanco podía acabar en ocasión clara. En el minuto 43, Ademo tuvo que aparecer de forma providencial en área propia para corregir otra acción en la que el Atlético Madrileño volvió a ganar la espalda de la defensa.
Al descanso, Ibai Gómez cambió el dibujo. Entró Hugo Barrachina por Ureña y el Real Zaragoza pasó a jugar con tres centrales y carrileros por primera vez esta temporada. La modificación buscaba corregir los problemas defensivos de la primera mitad y dar más protección ante las rupturas del rival.
El inicio de la segunda parte dejó una ocasión clara para el Zaragoza. En el minuto 53, una gran arrancada, con caño incluido de Iranzo, acabó con Jaume Jardí entrando en el área. Astralaga detuvo el disparo y Pereira no pudo embocar el rechace. Dos minutos después llegó el castigo. En el 55, el Atlético Madrileño hizo el 2-1 con un centro desde línea de fondo al segundo palo que remató Domenech.
El Zaragoza volvió a remar. En el minuto 62, el colegiado señaló penalti sobre Rubén Díez. Fernando Torres pidió la revisión en el FVS, pero el árbitro confirmó la pena máxima. Rubén Díez asumió el lanzamiento en el 65, pero Astralaga detuvo el penalti y mantuvo por delante al filial rojiblanco.
El golpe pudo ser definitivo, pero el Zaragoza respondió de inmediato. En el minuto 66, Rubo Iranzo cabeceó a la red un magnífico centro de Espiau y colocó el 2-2. El central apareció en el área rival para devolver al equipo al partido y abrir una fase en la que el Zaragoza volvió a empujar con fuerza.
Ibai movió el banquillo en el 69, dando entrada a Pau Sans y Joaquín Delgado por Rubén Díez y Espiau. El equipo tuvo varias opciones para ponerse por delante: Pau llegó tarde por muy poco a un remate, Sangalli obligó a Astralaga a intervenir y después volvió a probar desde la frontal, con un disparo que se marchó cerca del palo.
Pero el Atlético Madrileño volvió a golpear. En el minuto 74, Westerveld evitó el tercero tras un error en salida, enviando a córner un disparo de Cubo. En la acción posterior, el filial rojiblanco hizo el 3-2. El Zaragoza volvía a estar por detrás y el partido entraba en una fase cada vez más complicada.
Ibai agotó los cambios en el minuto 81 con las entradas de Saidu y Cuenca por Pereira, tocado tras un golpe, y Lucas Terrer. El equipo, sin embargo, se atascó. Perdió fluidez, dejó de encontrar caminos limpios hacia el área y el Atlético Madrileño aprovechó los espacios.
En el minuto 88 llegó el 4-2 a la contra. El gol fue revisado por posible fuera de juego y el FVS lo confirmó. Ibai pidió una nueva revisión, pero la decisión volvió a mantenerse y el técnico zaragocista vio amarilla. Con el 4-2 y diez minutos de añadido por delante, el partido parecía sentenciado.
Pero este Zaragoza no se rindió. En el minuto 98, Rubo Iranzo volvió a marcar, otra vez de cabeza, en una falta lateral. El 4-3 encendió los últimos instantes y devolvió al equipo una esperanza que parecía perdida.
Un minuto después, el árbitro señaló penalti a favor del Zaragoza. Esta vez el encargado fue Jaume Jardí, que no falló. En el minuto 102, el atacante transformó la pena máxima y firmó el 4-4, desatando la locura entre los aficionados zaragocistas desplazados. El partido incluso tuvo que detenerse unos instantes por una pequeña invasión de campo tras el empate.
El final confirmó un punto que sabe a rescate. El Real Zaragoza no ganó, pero evitó una derrota que parecía segura. El equipo mostró problemas serios a la espalda de la defensa, sufrió demasiado en transición y encajó cuatro goles, pero también dejó una señal de carácter indiscutible: incluso cuando el partido estaba perdido, siguió creyendo.
El empate corta la racha de victorias consecutivas, pero mantiene vivo el impulso competitivo del equipo. El Zaragoza deberá corregir mucho de lo ocurrido en Madrid, especialmente en defensa, pero el 4-4 deja una conclusión evidente: este equipo tiene alma, recursos y una capacidad de reacción que puede valer puntos decisivos durante la temporada. Esta noche, hay otra razón además de las fiestas del Pilar para celebrar.




