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Madrid decide, Zaragoza espera

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Fotografía creada con IA.

El Real Zaragoza celebró este martes un consejo extraordinario en Madrid en el que estuvieron presentes Jorge Mas, Juan Forcén, Mariano Aguilar y Miguel Ángel Gil Marín. De esa reunión salió una de las primeras decisiones de calado tras el descenso a Primera RFEF: una ampliación de capital de 20 millones de euros, presentada por el club como una muestra de compromiso para sostener el proyecto y afrontar el objetivo del regreso al fútbol profesional.

La imagen, sin embargo, vuelve a dejar un poso difícil de ignorar en el zaragocismo. Otra vez más, las decisiones más importantes sobre el presente y el futuro del Real Zaragoza se han tomado lejos de Zaragoza. Otra vez más, en Madrid. Otra vez más, sin comparecencias públicas, sin preguntas, sin explicaciones en persona y sin que los máximos responsables hayan dado la cara ante una afición que acaba de sufrir el golpe más duro de los últimos años.

El anuncio de la ampliación de capital llega en un momento en el que el club necesita estabilidad económica, sí, pero sobre todo credibilidad. Y ahí es donde vuelven a aparecer todas las dudas. Porque el dinero puede ser una condición necesaria, pero no suficiente. El problema del Real Zaragoza no ha sido solo financiero. Ha sido de gestión, de rumbo, de toma de decisiones, de desconexión con la realidad del club y de una alarmante ausencia de liderazgo visible en los momentos más delicados.

La pregunta vuelve a ser la de siempre: ¿por qué el Real Zaragoza se dirige desde Madrid y no desde Zaragoza? ¿Por qué los propietarios y máximos responsables solo aparecen a través de comunicados escritos, entrevistas controladas o decisiones anunciadas en frío? ¿Por qué, una vez terminada la temporada y consumado el descenso, siguen sin comparecer públicamente para explicar qué ha pasado y qué piensan hacer? ¿Por qué aún no se ha producido una exposición clara, con nombres y apellidos, de las responsabilidades políticas, ejecutivas y deportivas de este fracaso?

Tampoco deja de llamar la atención que, con la liga ya acabada, el club no haya aclarado todavía con transparencia la situación de muchos futbolistas cuya salida parece evidente. No se conocen oficialmente los nombres de quienes no seguirán, no se ha detallado el plan de limpieza de plantilla y tampoco se ha concretado hasta qué punto el nuevo proyecto arranca realmente de cero o solo pretende maquillar lo sucedido con una inyección económica y algún relevo puntual.

Esa falta de información alimenta la sensación de que el Zaragoza sigue instalado en la misma dinámica que lo ha llevado hasta aquí: mucho mensaje institucional, mucha promesa de reconstrucción, pero poca exposición real y poca rendición de cuentas. La ampliación de capital es importante, sin duda. Veinte millones no son una cifra menor. Pero el zaragocismo ya no está para aplaudir únicamente cifras. Quiere saber quién manda, quién decide, quién asume errores y quién va a pilotar de verdad la reconstrucción.

Porque de nada servirá poner más dinero si se repiten los mismos vicios de estos años. De poco servirá reforzar la caja si no se refuerza también la estructura. Y de nada servirá seguir hablando de compromiso si quienes han llevado al club a esta situación siguen escondidos tras un texto oficial, una sala de reuniones en Madrid o un silencio que ya empieza a resultar insoportable.

El Real Zaragoza necesita algo más que capital. Necesita presencia, explicaciones, limpieza, verdad y una dirección que entienda que este club no puede seguir gobernándose a distancia como si fuera una simple inversión más. El consejo extraordinario ha dejado una noticia económica relevante. Lo que no ha resuelto, ni de lejos, es la gran cuestión política, moral y deportiva que hoy sigue sobrevolando al club: quién responde de verdad ante Zaragoza por todo lo que ha pasado.