Ibai Gómez se queda con la victoria, pero avisa: el Zaragoza no puede volver a sufrir así

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Ibai Gómez terminó el partido en Torremolinos con una lectura obligada en dos direcciones. La primera, positiva: el Real Zaragoza ganó fuera de casa, marcó cuatro goles y sumó su segunda victoria consecutiva. La segunda, mucho menos cómoda: el equipo no puede permitir que un 1-4 en el minuto 81 termine convertido en un 3-4 con el rival apretando hasta el último segundo.

El técnico zaragocista había pedido antes del encuentro evolución, variantes y capacidad para adaptarse a un escenario distinto. Y el equipo respondió durante buena parte del partido. Ibai introdujo cambios en el once, dio entrada a perfiles como Sangalli, Ademo, Pereira y Jaume Jardí, y el Zaragoza encontró más pegada que en jornadas anteriores.

El gran nombre propio fue Jaume Jardí. Participó de forma directa en los cuatro goles blanquillos y marcó uno de ellos con un lanzamiento de falta de enorme calidad. El extremo fue el futbolista que más desordenó al Juventud Torremolinos y el que dio sentido ofensivo a muchas de las mejores acciones del Zaragoza.

Ibai puede agarrarse a eso. Después de la derrota en Tarragona, donde el equipo generó mucho y no marcó, y tras la victoria agónica contra el Antequera, en Torremolinos sí apareció la eficacia. El Zaragoza golpeó cuatro veces y tuvo recursos para ponerse con una ventaja aparentemente definitiva.

Pero la rueda de prensa no podía quedarse solo en el resultado. El final del partido exige autocrítica. Con tres goles de ventaja, el equipo perdió control, concedió demasiado y permitió que el Juventud Torremolinos marcara dos tantos en apenas tres minutos. Una victoria que estaba cerrada pasó a ser un ejercicio de supervivencia.

Ahí está el principal aviso para Ibai. Su Zaragoza quiere ser protagonista, quiere mandar con balón y quiere buscar siempre la portería contraria, pero también necesita aprender a cerrar partidos. En Primera Federación no basta con jugar bien durante setenta u ochenta minutos. La categoría castiga cualquier desconexión, y el tramo final en El Pozuelo fue una prueba evidente.

El partido también dejó preocupación física. Ander Herrera tuvo que marcharse lesionado en la segunda parte y después también fueron sustituidos los centrales Diego González y Rubo Iranzo. La acumulación de problemas en jugadores importantes condicionó el cierre del encuentro y obligó a recomponer el equipo en una fase delicada.

Aun así, el Zaragoza ganó. Y eso no es menor. El equipo necesitaba confirmar fuera de casa que la victoria ante el Antequera no había sido un punto aislado. Lo hizo con sufrimiento, pero lo hizo. Ahora suma seis puntos y empieza a instalarse en una dinámica competitiva más acorde con su obligación.

Ibai tendrá motivos para estar satisfecho con la respuesta ofensiva, con el impacto de Jardí, con la aportación de Saidu y con la capacidad del equipo para marcar lejos del Ibercaja Estadio. Pero también tendrá trabajo inmediato en la gestión emocional y táctica de los últimos minutos.

El Real Zaragoza salió de Torremolinos con tres puntos y una advertencia. La victoria refuerza el camino; el final impide cualquier exceso de complacencia. Para ascender hay que ganar partidos como este. Para ascender sin sufrir más de la cuenta, hay que cerrarlos mucho mejor.