Cerca de 3.000 personas sufren un ictus cada año en Aragón, destacando la importancia de la atención multidisciplinar

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El Día Mundial del Ictus, que se conmemora el 29 de octubre, pone de relieve las secuelas invisibles que enfrentan quienes sobreviven a esta enfermedad, así como el papel crucial de la Enfermería y el Trabajo Social en su recuperación. En Aragón, aproximadamente 3.000 casos anuales de ictus pueden transformar radicalmente la vida de los afectados y sus familias, generando no solo dificultades físicas, sino también problemas cognitivos y emocionales que pueden persistir tras el alta hospitalaria.

Qué se ha anunciado

Durante una rueda de prensa celebrada en el Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, representantes de la Asociación Ictus de Aragón (AIDA) y profesionales de la salud han subrayado la necesidad de una atención integral y coordinada. Miguel Lierta, presidente de AIDA, ha enfatizado que la recuperación no se limita a la supervivencia, sino que implica recuperar la autonomía y reconstruir el proyecto de vida de los afectados. Las secuelas de un ictus pueden incluir alteraciones en la memoria, comunicación y concentración, lo que condiciona la vida diaria y la reintegración laboral.

A quién afecta la medida

El impacto del ictus no solo afecta a los pacientes, sino también a sus familias, que deben adaptarse a nuevas realidades y responsabilidades. Ruth Ambrós, trabajadora social de AIDA, ha explicado que su labor va más allá de informar sobre ayudas; se trata de acompañar a las familias en el proceso de reorganización de sus vidas tras el alta. Esto incluye orientación sobre dependencia, adaptación a nuevas situaciones laborales y recursos de apoyo, un aspecto que muchas veces se pasa por alto en la atención médica convencional.

Por su parte, Alberto Auré, enfermero del Hospital Universitario Miguel Servet, ha destacado la importancia de la formación especializada en ictus para el personal de enfermería, que desempeña un papel crucial en la atención desde los primeros momentos hasta la recuperación. Esto incluye la vigilancia de la evolución del paciente y la educación sanitaria para fomentar la autonomía tras el alta.

La recuperación tras un ictus requiere una colaboración estrecha entre los profesionales de la salud, los servicios sociales y las estructuras de apoyo comunitario. Los especialistas han señalado que muchas de las secuelas son poco visibles, lo que dificulta la comprensión de la magnitud del problema. Por ello, es esencial que los recursos disponibles se integren en un plan de atención que garantice la máxima autonomía posible para los afectados.

El próximo 29 de octubre, AIDA celebrará su acto central en el Patio de la Infanta de Zaragoza, donde se abordarán estos temas y se entregará el premio Cerebro de Oro a Marta Sampériz, gerente del 061, en reconocimiento a su labor en la atención de emergencias.

Esta información se ha elaborado a partir de una comunicación remitida a Diario Aragonés y ha sido editada y revisada por la redacción. Fuente: Asociación Ictus de Aragón.

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