El Zaragoza gana, pero tiene que jugar mejor

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El triunfo ante el Europa premia la insistencia de un equipo que encontró al final la profundidad que le faltó durante buena parte del encuentro.

El Real Zaragoza sacó adelante un partido incómodo ante el Europa y se llevó una victoria valiosa para sus aspiraciones. Pero los tres puntos no deben esconder una actuación que dejó demasiados minutos de fútbol lento, previsible y sin profundidad. El resultado invita a celebrar; el juego exige una revisión.

El Zaragoza tuvo el balón, aunque durante buena parte del encuentro no supo qué hacer con él. Acumuló pases cortos, concentró demasiados futbolistas por dentro y facilitó el trabajo de una defensa que apenas necesitaba abandonar sus posiciones. La posesión servía para instalarse en campo contrario, pero pocas veces para hacer daño.

Demasiado dominio sin peligro

La primera parte dejó la mayor preocupación. Faltaron movimientos que ofrecieran líneas de pase, velocidad para cambiar la orientación del juego y amplitud para abrir al adversario. El equipo buscaba avanzar por el lugar donde más jugadores encontraba.

Los cambios mejoraron al Zaragoza. Aparecieron más profundidad, más intención y ocasiones más claras. El tramo final tuvo una determinación ofensiva que había faltado antes y acabó inclinando el encuentro.

También hay mérito en insistir cuando el fútbol no fluye. Resolver estos partidos puede tener un peso considerable en una temporada larga. Pero convertir el sufrimiento en costumbre sería una mala señal.

La victoria permite corregir desde una posición favorable. El Zaragoza tiene recursos para ofrecer más y debe exigírselos. Ganar un encuentro así es una buena noticia; necesitar tanto tiempo para encontrar el camino del gol es una advertencia.