Ibai demuestra en Tudela que también sabe ganar sin jugar bonito

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El Real Zaragoza goleó al Tudelano (0-4) en una eliminatoria de Copa del Rey que quedó resuelta antes del descanso. Cuatro goles en cuarenta minutos, ningún sobresalto importante y clasificación para la siguiente ronda. Pero lo más interesante del partido no fue el resultado, sino la capacidad de Ibai Gómez para renunciar a su estilo habitual cuando las circunstancias lo exigían.

El Zaragoza que hemos visto durante estas primeras jornadas de Liga quiere tener el balón, combinar por dentro, presionar arriba y construir sus ataques desde la posesión. En Tudela hizo prácticamente lo contrario. Apostó por los desplazamientos largos, las disputas aéreas y las segundas jugadas. Y acertó.

El estado del terreno de juego condicionó decisivamente el planteamiento. Sobre un césped muy deteriorado, con abundante arena y dificultades para que el balón rodara con normalidad, insistir en la circulación habitual habría sido asumir riesgos innecesarios. Ibai ya había advertido en la previa de las dificultades que encontraría el equipo y preparó una alternativa que funcionó desde los primeros minutos.

El Zaragoza buscó repetidamente la espalda de los defensores del Tudelano, aprovechó su mayor velocidad y convirtió prácticamente cada llegada en una oportunidad de gol. La efectividad resultó extraordinaria: cuatro tantos en una primera mitad en la que tampoco necesitó generar un volumen desmesurado de ocasiones. El partido estaba terminado antes del descanso.

No fue una exhibición de fútbol elaborado. Ni falta que hacía. El gran mérito de un entrenador no consiste en obligar a sus jugadores a interpretar siempre el mismo libreto, sino en encontrar la mejor solución para cada escenario. Y esta vez Ibai demostró que su equipo puede ganar de una forma muy distinta a la habitual.

La segunda mitad fue aburrida y dejó poco fútbol. Con la eliminatoria resuelta, el Zaragoza perdió intensidad, los jugadores buscaron acciones individuales y apenas hubo continuidad en el juego. Pero tampoco habría tenido demasiado sentido asumir riesgos sobre aquel terreno con cuatro goles de ventaja y el Villarreal B esperando en Liga.

La Copa ha dejado una conclusión importante: este Real Zaragoza empieza a tener alternativas tácticas reales. Puede dominar con el balón, como ha demostrado en numerosos encuentros, pero también puede adaptarse a un partido físico, directo y de escasa elaboración.

El ascenso no se consigue jugando siempre bien. Se consigue sabiendo ganar de distintas maneras. Y Tudela, aunque el rival fuera de inferior categoría, ha sido una nueva demostración de que Ibai Gómez está construyendo un equipo cada vez más preparado para competir.