La goleada del Real Zaragoza al Tudelano dejó tres nombres propios: Joaquín Delgado, Pau Sans y Hugo Pinilla. Los tres marcaron, los tres necesitaban una noche así y los tres salen reforzados de una eliminatoria que, más allá de la clasificación, podía servir para recuperar confianza y abrir el abanico de soluciones ofensivas de Ibai Gómez.
El caso de Joaquín Delgado era especialmente importante. El delantero llegó a Zaragoza con la responsabilidad de aportar goles, pero todavía no había conseguido estrenarse. En Tudela necesitó once minutos para hacerlo. Recibió dentro del área, recortó a su defensor y resolvió con la determinación que se espera de un delantero centro. Un gol que puede parecer poco relevante por la entidad del rival, pero que probablemente tenga más importancia para su confianza que para las estadísticas.
Joaquín necesitaba quitarse ese peso de encima. No es sencillo competir por un puesto cuando un delantero llega con expectativas y pasan las jornadas sin marcar. El gol no le garantiza la titularidad ante el Villarreal B ni significa que haya resuelto sus problemas de eficacia, pero rompe una barrera que empezaba a hacerse demasiado visible.
Con Pau Sans ocurrió algo parecido, aunque su actuación admite una lectura más contradictoria. Marcó dos goles, uno de penalti y otro con un extraordinario disparo desde unos 25 metros, pero también dejó momentos de excesivo individualismo. Quiso asumir el lanzamiento de la pena máxima que él mismo había provocado y buscó con frecuencia la portería incluso cuando había alternativas de pase.
¿Es eso negativo? Depende del contexto. En un partido de Liga igualado, un delantero debe elegir la mejor solución para el equipo. Pero con una eliminatoria encarrilada y un futbolista necesitado de confianza, recuperar la iniciativa, atreverse a encarar y buscar el disparo también puede resultar positivo. A Pau Sans le faltaba precisamente parte de esa determinación. Ahora tendrá que demostrar que puede combinarla con el juego colectivo.
Y luego está Hugo Pinilla, autor de un gol extraordinario desde una posición casi imposible. Su primer tanto con el primer equipo tuvo, además, una enorme carga emocional por la dedicatoria a su madre fallecida. Un momento que merece ser celebrado y que supone una recompensa para un joven que sigue buscando su sitio.
Conviene, sin embargo, no perder la perspectiva. Marcarle al Tudelano no equivale a hacerlo ante el Villarreal B, el Murcia o cualquiera de los rivales que disputarán el ascenso. La diferencia de exigencia es evidente y nadie debería convertir una buena noche copera en una garantía de rendimiento futuro.
Pero tampoco hay que restarle mérito. Los delanteros viven del gol y la confianza es fundamental. Joaquín ha marcado, Pau ha recuperado protagonismo y Pinilla ha demostrado que tiene talento para resolver acciones difíciles.
La gran noticia para Ibai no es que los tres hayan marcado en un mismo partido. Es que ahora dispone de tres futbolistas con motivos renovados para seguir compitiendo por un puesto.
Y esa competencia, si se administra bien, puede resultar mucho más valiosa para el Zaragoza que los cuatro goles conseguidos en Tudela.



