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domingo, junio 20, 2021
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La evanescencia de las palabras

Salvar la Navidad”, recuerdan?, era el lema de los poderes públicos en los albores del mes de diciembre. “Nadie se va a quedar atrás”, otro de los axiomas de nuestro dirigentes.

Tomando estos dos mantras a modo de ejemplo, consideran ustedes que son compatibles ambos? Parece que no, al menos su conjunción parece compleja.

Estamos en la tercera ola del país (cuarta para Aragón) con los peores resultados en algunas comunidades desde el principio de la pandemia,  y subiendo. Esta tercera ola era previsible, no cómo la primera que aunque ya teníamos la experiencia de China e Italia, en España (entre otros) nos sorprendió bajo mínimos.

Los hospitales ya han anunciado la suspensión de algunas cirugías, de la saturación de camas UCI y de que la tensión es de tal calibre que volverán al triaje; aquello de tú si, tú no.

El tema de las vacunas es sangrante. Establecido un plan de ordenación de las mismas, algunos se lo saltan priorizando en su propio beneficio, a sabiendas de que están en un puesto de servicio público. Les saldrá gratis?, lo veremos.

Pero volviendo a que “nadie se va a quedar atrás”, ¿qué pasa con aquellos que ya han fallecido a causa de la pandemia? ¿qué pasa con aquellos cuyas secuelas post covid son tales que quizá nunca puedan rehacer sus vidas? ¿qué pasan con aquellos que han perdido su medio de vida y han engrosado las listas de despidos, de ertes y de las colas del hambre?. Las Administraciones Públicas NO HAN CUMPLIDO lo que prometieron.

En cuanto a “Salvar la Navidad”, ¿se ha salvado la Navidad? ¿cuántas muertes ha costado la Navidad? ¿cuántos negocios han tenido que cerrar durante la tercera ola y cuantos se han quedado sin empleo?. ¿Cuántas vidas ha costado salvar la Navidad?. No hubiera sido mejor “Salvar vidas sacrificando la Navidad”?

Insisto, la tercera ola ERA PREVISIBLE, estaba anunciada por los médicos, por lo virólogos y por cualquiera que realizara un mínimo ejercicio de pensamiento objetivo y racional.

Todo parecía indicar que la vacuna sería nuestra salvación pero ya han aparecido los primeros síntomas de que el plan no está saliendo como se había previsto, a modo de ejemplo: los problemas con el suministro y de otro lado la negativa de algunas personas a vacunarse.

Y esto nos lleva al eterno debate sobre sí los derechos individuales deben  de prevalecer por encima de la seguridad de la mayoría en caso de colisión de unos con otros.

¿Es correcto que la vacunación sea obligatoria contra la voluntad de aquellos que no desean vacunarse? ¿Es correcto que los Poderes Públicos exijan sacrificios a la población  cómo el toque de queda, confinamiento, cierre de ciertos servicios, cuando ellos no agotan todas sus facultades (control de fronteras, suspensión de vuelos internacionales, reducción de aforos en el transporte público, etc….)?,  medidas que sin duda tendrían un efecto en el conjunto de la sociedad.

Un Estado de Derecho se reconoce por la tenencia de varios principios y uno de ellos es el Principio de Legalidad. Este principio se consagra en el artículo 9.1 de nuestra Constitución “Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”, esto es; todos estamos y debemos actuar bajo el imperio de la Ley.

Es por ello que hablando de legalidad, habida cuenta de que la liquidación de la pandemia actual llevará su tiempo, echo de menos una Ley Orgánica, avalada por la mayoría del Congreso, en dónde se establezca un plan de prevención de la infección, un plan de erradicación de la pandemia y un régimen sancionador, en todas sus modalidades, involucrando a la totalidad de Administraciones Públicas, Agentes Sociales y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.

En lugar de ello tenemos una reiterada inacción por parte de nuestro Gobierno, que postula la eficacia de la vacuna que será inoculada en tiempo record, según nos dicen.  También lo veremos.

Mientras tanto, el “nadie se va a quedar atrás, retumba como eco cada vez más debilitado, desintegrándose, cual inevitable manifestación de la evanescencia de las palabras.

Marta Lázaro Oliván –  Abogada

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