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Lalo Arantegui pone la primera piedra del nuevo Real Zaragoza

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El Real Zaragoza ya ha empezado a construir públicamente su nuevo tiempo. Lo ha hecho con la comparecencia de Lalo Arantegui, primer portavoz visible del club en el arranque del curso 2026-27, en una rueda de prensa en la que ha dibujado las líneas maestras del nuevo proyecto: una plantilla prácticamente rehecha, una apuesta decidida por la cantera, un cuerpo técnico nuevo liderado por Ibai Gómez y un objetivo inequívoco, el regreso a Segunda División.

La intervención de Arantegui sirvió, sobre todo, para poner cifras al terremoto que ha provocado el descenso. El director deportivo confirmó una auténtica sacudida en la plantilla, hasta el punto de hablar de un dato “histórico”. No es una exageración. Entre cedidos que regresan, contratos que terminan y jugadores que no continuarán, el Zaragoza se enfrenta a una reconstrucción casi total. El propio Lalo subrayó que el club arranca esta nueva etapa con “25 salidas de jugadores”, una cifra que considera excepcional y que no debería repetirse en el futuro.

En ese contexto, el responsable deportivo quiso dejar claro que el Zaragoza pretende romper con la inestabilidad que ha marcado los últimos años. “Trabajaremos para que esto no vuelva a ocurrir y que tengamos una estabilidad deportiva que creo que es lo que queremos todos”, afirmó. Es una idea relevante porque retrata una de las obsesiones del nuevo proyecto: evitar que cada verano vuelva a convertirse en una refundación.

Arantegui también presentó oficialmente la estructura del nuevo cuerpo técnico del primer equipo. Ibai Gómez será el entrenador principal, acompañado por Íñigo Larriqueta como segundo, David Binatea como asistente, Nicky Lample y Pablo Quílez en la preparación física y Javier Roda como preparador de porteros. Sobre el nuevo técnico, Lalo habló de un entrenador con “una ilusión tremenda” y con “una idea muy atrevida, valiente”, insistiendo en que el club necesita por fin un diseño reconocible. “Yo creo que a nosotros nos hace falta ya tener un diseño, una idea de juego, ya no solo desde el primer equipo”, señaló.

Esa idea, además, no quiere limitarse al primer equipo. Una de las frases más significativas de la comparecencia fue cuando defendió una línea metodológica común en todo el club. “Esa idea la vamos a fabricar y la vamos a tener desde el alevín B al benjamín del club”, vino a explicar, dejando claro que la intención es que el Real Zaragoza tenga una identidad de juego y de formación compartida en toda su estructura.

En el plano de plantilla, Lalo confirmó los primeros movimientos y varias incorporaciones. Anunció la renovación de Tachi por una temporada y detalló la llegada de varios fichajes ya avanzados, como Rubén Díez, Jaume Jardí, Peter Ademo, Raúl Pereira y Anartz Peña. Además, explicó que el club trabaja con la intención de confeccionar una plantilla corta, de “22 o 23 jugadores”, para dejar espacio al crecimiento de los jóvenes del Deportivo Aragón. “Para nosotros es imposible dejar esta vía abierta con plantillas muy largas”, advirtió.

La cantera fue, de hecho, uno de los grandes ejes de su discurso. Lalo defendió con claridad que el futuro del Real Zaragoza debe sostenerse, en parte, sobre los jugadores formados en casa. “El futuro de este club tiene que ser con jugadores que fabriquemos nosotros en la ciudad deportiva”, sentenció. A la vez, anunció que habrá “muchos cambios también en el fútbol base” y que el club presentará próximamente a las familias la nueva estructura de cantera antes de hacerla pública.

No obstante, Arantegui también quiso bajar el balón al suelo en lo relativo a la 1ª RFEF. Aunque admitió que el Zaragoza estará “entre los mejores presupuestos de la categoría”, avisó de que el dinero y el escudo no bastarán. “Eso no quiere decir que vamos a ganar solo con el presupuesto, solo con el escudo”, remarcó. Y fue más allá al recordar que el equipo sufrirá: “Nos esperan baches, porque seguro que los hay. Nos esperan semanas duras, porque vamos a perder partidos, también los vamos a perder”.

Ahí dejó uno de los mensajes más sensatos del día. El Zaragoza parte como uno de los grandes nombres de la categoría, sí, pero no puede caer en la arrogancia de pensar que ascenderá por simple peso histórico. Lalo conoce bien esa división y quiso vacunar al zaragocismo contra una falsa superioridad que podría convertirse en un problema desde agosto.

Otra de las claves de la comparecencia fue el enfoque sobre la dimensión emocional del club. El director deportivo insistió en que el Zaragoza necesita volver a conectar con la gente desde el juego, desde la identidad y desde una cultura competitiva reconocible. “Es un año de cambios, un año de volver a ganar la confianza de la gente, de volver a ilusionar”, afirmó. Y añadió que dentro del club ve tres elementos comunes: “la pasión, la intensidad con la que vamos a hacer las cosas y el convencimiento de que va a haber un cambio grande en el club a nivel deportivo”.

Cuando fue preguntado por el papel de la propiedad y por qué vuelve a ser él una de las primeras voces públicas del club tras el descenso, Arantegui aseguró que le trasladan “tranquilidad” e “ilusión”, además del respaldo económico que considera necesario para armar un proyecto competitivo. Eso sí, evitó asumir un papel representativo más allá del deportivo: “No me considero el representante de nadie”, dijo.

También fue interesante su reflexión sobre el descenso y sobre la oportunidad que, paradójicamente, deja una caída tan dura. “De las poquitas, o la única cosa positiva que tenía el descenso es que tienes un lienzo en blanco para crear un nuevo proyecto”, explicó. La frase resume bien la idea central de su intervención: el golpe ha sido devastador, pero al menos permite empezar casi desde cero, sin demasiados restos del proyecto fallido anterior.

Respecto a nombres concretos, Lalo confirmó que el club no regalará futbolistas. Habló en esos términos tanto de Samed Bazdar como de otros jugadores con mercado, dejando claro que la intención es defender los intereses del Zaragoza. “Nosotros no vamos a poner en el mercado a ningún jugador”, dijo, aunque admitiendo que, en determinados casos, habrá que encontrar soluciones satisfactorias para todas las partes.

En cuanto al objetivo final, Arantegui no quiso esconderse. Lo dejó claro varias veces: el ascenso es la meta. Pero intentó ir un paso más allá en el análisis. “A mí me gustaría decir que nosotros vamos a ir un poco más, no es el ascender sino el cómo vamos a ascender”, explicó. Es decir, no solo importa volver a Segunda, sino sentar unas bases que permitan construir algo más estable y reconocible.

En resumen, la comparecencia de Lalo Arantegui fue la primera gran fotografía del nuevo Zaragoza. Un club que admite el golpe, que asume que debe rehacerse casi por completo y que trata de vender una idea de reconstrucción profunda: menos parches, más identidad; menos improvisación, más estructura; menos plantilla inflada, más cantera y más sentido colectivo.

Ahora faltará lo decisivo: que todo ese discurso se traduzca en un equipo competitivo, reconocible y capaz de soportar la presión brutal que supondrá jugar en 1ª RFEF con el escudo del Real Zaragoza en el pecho. Porque el diagnóstico ya está hecho. Y en Zaragoza, después de todo lo ocurrido, ya no bastará con las palabras.