Ramón Lozano ha dado un paso al frente para explicar públicamente su salida del Real Zaragoza y el conflicto que mantiene con la entidad, una situación que, según él mismo confirmó, ya se encuentra en manos de la justicia. Su comparecencia sirvió para fijar su posición, defender su trayectoria profesional y denunciar que la nueva estructura creada por el club invadía funciones que, a su juicio, le correspondían contractualmente.
“La situación está judicializada. Durante toda mi relación con el Real Zaragoza, cumplí mis obligaciones con lealtad y compromiso”, aseguró Lozano, que quiso dejar claro desde el inicio que su postura no parte del enfrentamiento gratuito, sino de la defensa de su trabajo y de su dignidad profesional tras una década en el organigrama blanquillo.
El exresponsable de la cantera explicó que el origen principal del choque está en la reordenación interna llevada a cabo por el club. En concreto, señaló directamente a la creación de una nueva figura dentro del área deportiva. “Hay un contrato, unas responsabilidades, jerarquías e interlocutores definidos. El club creó una posición nueva, el puesto de David Navarro, que creo que invadía mis competencias”, afirmó.
Lozano dejó claro que no discute el derecho de una entidad a reorganizarse, pero sí subrayó que esa reorganización debe respetar los marcos contractuales y profesionales ya existentes. “Por mi parte, no hay problema a que una dirección de un club haga lo que tiene que hacer. Yo tengo mi dignidad laboral y un contrato que dice lo que yo tengo que hacer”, añadió, en una de las frases más significativas de su intervención.
Sus palabras dibujan un escenario de claro desencuentro entre la estructura anterior de la cantera y el nuevo modelo que pretende implantar el club. Más allá de nombres concretos, Lozano vino a denunciar una falta de encaje entre la nueva organización y su papel histórico dentro del Real Zaragoza, algo que ha terminado desembocando en una ruptura formal y en un proceso judicial abierto.
La comparecencia, además, tuvo un tono reivindicativo. Lejos de marcharse en silencio, Lozano quiso dejar constancia de que su salida no puede interpretarse como una admisión de errores o una retirada discreta, sino como la consecuencia de un conflicto interno derivado de una reestructuración que, según él, no respetó ni sus funciones ni su recorrido dentro de la entidad.
En un momento de reconstrucción profunda tras el descenso a Primera RFEF, las palabras de Lozano añaden una nueva sombra sobre el Real Zaragoza. Porque su salida no solo deja el eco de una disputa laboral. También vuelve a poner sobre la mesa una sensación demasiado repetida en el club en los últimos años: la dificultad para gestionar con estabilidad, claridad y coherencia las parcelas estratégicas de la entidad.
Lozano se marcha defendiendo que cumplió con el Zaragoza “con lealtad y compromiso”, pero dejando una advertencia implícita: cuando en un club se superponen cargos, se difuminan jerarquías y se invaden competencias, el problema ya no es solo personal. Es estructural.



