Inicio Real Zaragoza El Real Zaragoza vuelve a creer… y nos devuelve la vida

El Real Zaragoza vuelve a creer… y nos devuelve la vida

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Hay victorias que suman tres puntos y hay victorias que curan. La del Real Zaragoza contra el Racing de Santander pertenece a la segunda categoría. No fue solo un 2-0 ante el líder. Fue algo más profundo, más emocional, más difícil de medir en una clasificación. Fue una reconciliación del equipo consigo mismo, con su gente y con una ciudad que llevaba demasiados meses sobreviviendo entre disgustos, decepciones y funerales anticipados.

Porque esta temporada al zaragocismo lo han hecho descender demasiadas veces. Hemos vivido con la sensación de estar cayendo al abismo una jornada sí y otra también. Lo más cruel no era solo perder, sino sentir que cada derrota pesaba como una sentencia definitiva. Y, sin embargo, este equipo, por muy mal que haya estado, por mucho que se haya roto, ha encontrado ahora algo que parecía perdido: fe.

Por eso esta victoria tiene un valor enorme. Porque llega ante el primero, porque se produce después del tropiezo de A Coruña y porque el Zaragoza no ganó de casualidad, ni por resistencia, ni por una jugada aislada. Ganó siendo mejor. Y eso cambia todo. La segunda parte del equipo fue directamente superior a la del Racing, hasta el punto de que el líder apenas inquietó. El Zaragoza no se limitó a protegerse: compitió, empujó, interpretó el partido y acabó más cerca del 3-0 que del 2-1.

Aquí hay una evidencia que ya no se puede seguir discutiendo: David Navarro ha cambiado al equipo. Lo ha hecho en lo táctico, claro, pero sobre todo en lo anímico. Este Zaragoza transmite otra cosa. Tiene más orden, más intención, más personalidad. Sabe lo que juega y, lo que es más importante, empieza a creer en ello. El entrenador ha conseguido que los jugadores entiendan el plan, lo ejecuten y, además, lo hagan con convicción. Eso no es poca cosa en un grupo que llevaba tiempo golpeado.

También es justo decir que esta mejora no es solo del entrenador. Es de los futbolistas. De Dani Gómez marcando otra vez. De Rober pareciendo un jugador diferencial. De Aguirregabiria firmando un partidazo. De Keidi Bare sosteniendo al equipo incluso con amarilla. De Saidu creciendo en madurez táctica. De El Yamiq, de Larios, de tantos que ahora sí parecen sumar de verdad. Hasta el Ibercaja Estadio empieza a parecer un hogar. Y eso, en un curso como este, es casi un milagro.

No, todavía no se ha hecho nada. David Navarro tiene razón en eso. El Zaragoza sigue abajo y queda muchísimo sufrimiento por delante. Pero sería absurdo no celebrar una noche así. El zaragocismo se merecía una alegría, aunque solo fuera para recordar que todavía está vivo.

Y ahora sí: elegimos creer. Otra vez. Y esta vez con motivos.